Alguien, no sabemos quién a pesar de las pesquisas, tuvo una gran idea. La tapia del caserón que interrumpe la alineación del principio de la calle Leganés y que hace, —hablando en términos futbolísticos— un bonito córner con la fachada del Bar Órdado desde el que se disfruta del rumor de la pequeña catarata bajo el jardín vertical   estaba pidiendo una valla publicitaria.  Un lugar donde es frecuente ver al presidente del Geta  tomando algún refrigerio o aperitivo.  Si hemos de reconocer  algo de Ángel Torres, además de su sabiduría futbolera, es que mantiene sus amistades de toda la vida; y que tiene de manera asidua, si no diaria, su punto de encuentro en este céntrico bar restaurante. ¡Quién lo ignora! Y ese alguien, ignoto y pequeño genio, pensó que venía al pelo dar nombre al esquinazo. Pintura y hecho. Llamativo y fulgurante reclamo publicitario, un poco infantil a pesar del adorno de los avioncitos, de pintor de brocha gorda….

Sin embargo, tras el puente del (no) día del padre [¿A quién se le ocurrió llevar las fiesta a los lunes?] el rótulo ha desaparecido bajo el rodillo de la pintura blanca y brillante. Si nos extrañó la pintura en la pared, igual nos sorprendió su desvanecimiento.

Y ahí es donde llega la parte más misteriosa del caso de la fugaz vida del Rincón del Geta [podría ser una marca para vender como franquicia]. Le hemos preguntado al mismo presidente del Getafe, tan a mano que lo teníamos, casi enfrente del paredón. Y Torres, que no se corta un pelo, nos ha asegurado que el Club había denunciado el «uso indebido» del escudo del equipo.¡Qué país! Y qué pueblo.  No sólo eso; sabiendo Ángel Torres que el juez decano  es, además de hincha del Geta, igualmente cliente del Órdago, si no asiduo sí ocasional,  quedó con él para enseñarle la tropelía de poner su escudo, el del Getafe, en una pared; no por poner el escudo, sino porque es su rincón personal, no el del Club, el de Ángel Torres y sus amigos.

Lo cierto es que otro alguien, vaya con el misterio, se chivó al pintor; la cosa se ponía seria. Ángel había dicho que vendría con el juez. Y si su señoría abre el caso, inicia el sumario  y los interrogatorios, vaya la que se podía liar, no por el graffiti; qué va…

El final no puede ser más tonto; imagínense. Ángel Torres y el juez giran en la calle Madrid, dejando el magnífico jardín vertical a su izquierda, y observan con estupor, algo consternados por la ausencia de caso, que el escudo y el posible uso indebido se habían esfumado. Nosotros, por si acaso, sí le hicimos una foto a efímero graffiti. Bueno. Tampoco pasa nada. No hay rincón del Getafe, pero ya que están allí, el presi y su señoría, se empinan un vinillo y unos boquerones fritos a la andaluza, ese maravilloso pescadito azul;  o azulón.  ¡Habrá que nombrar al boquerón la tapa oficial del Geta! ¿Se conculcará algún derecho del club getafense o, tal vez, solo se enfadarán en Málaga?