La rosa, a las que nos referimos, no es la del PSOE, es la propia, la que quiso sólo para él, la que regó con su aroma de billetes verdes la «Huerta del Jardinero», un terreno urbano, que había dejado de ser huerta, con varias fincas que engloban el llamado solar de Manini ( por el apellido del propietario), recinto donde se ubicó algunos años el recinto ferial, y otras fincas con industrias «estancadas» en pleno entramado urbano, en la entrada a Getafe por la emblemática calle Madrid y frente a la Universidad Carlos III de Madrid y con la avenida, resultante del enterramiento de la vía, como espalda; equidistantes de las estaciones de cercanías de Getafe Centro y Margaritas. Una flor muy apetitosa.

El Jardinero fue, sin duda, Jesús Neira Salazar, más conocido como «el rubio». El hombre que como Concejal de Urbanismo contrató al jefe de los servicios técnicos; suficiente técnico para diseñar un Plan General de Ordenación Urbana (PGOU aprobado en 1995) casi a la medida de Neira, y que como «jardinero» solícito preparó las zonas verdes, las veredas y hasta las rosas que luego, fuera del Ayuntamiento, «cortaría» para él y sus compañeros de partido.

La parte más golosa de la «huerta», el «solar de Manini», es el extremo de la calle Madrid antes de la rotonda del lazo, un terreno de unos 40.000 metros cuadrados calificado en el Plan General de 1982 cuadrads como zona urbana. Es decir era edificable y a ejecutar por compensación. Los propietarios del suelo dieron los primeros pasos y tras agruparse en una Comisión Gestora, constituyeron la Junta de Compensación.

Y es ahí donde empezaron sus problemas. Se encontraron con la actitud del, por entonces, Concejal de Urbanismo, Jesús Neira que ya había iniciado la revisión del Plan General del 82 y no estaba dispuesto a que se le escapara una de las principales «flores» del entramado urbano que había delimitado con el «lápiz y el borra». Desde aquellos días en Getafe se funciona, mejor que muchos restaurantes, con «urbanismo a la carta». La huerta del Jardinero nunca consiguió la aprobación del Ayuntamiento.

Es más, en el Plan General de Ordenación Urbana aprobado por la Comunidad de Madrid en 1995 se «desclasificó» ese suelo y se le «rebajó» a suelo dotacional y se sonsideró la adquisición de los terrenos para ampliación de la Universidad por el sistema de expropiación. El hecho es que los propietarios del suelo iniciaron acciones legales para que se les reconocieran los derechos que habían adquirido en el transcurso de los años con el anterior Plan General aprobado en los últimos días que actuó como alcalde de Jesús Prieto de la Fuente.

Jesús Neira hizo lo propio en 1995, consiguió la aprobación de «su» PGOU y se marchó del Ayuntamiento con destino la Asamblea de Madrid como diputado por el PSOE.
Durante el transcurso de los siguientes años el Ayuntamiento mantiene su posición a pesar de ir perdiendo el pleito en las diferentes instancias jurídicas. Con la sentencia del Tribunal Supremo en la que se reconocían los derechos de los propietarios y en la que se obliga al Ayuntamiento de Getafe a asumir una expropiación millonaria, interviene Jesús Neira Salazar.

«El rubio», ya no es concejal de Getafe pero sí es diputado regional por el PSOE y miembro de la «comisión regional de urbanismo»; una vez que deje el escaño regional quiere convertirse en «gestor urbanista» y con piel de camuflaje como el lobo del cuento, intermedia en la compra venta de los terrenos de Manini. El señor diputado hace de intermediario; y de «empresario privado». Es una vergüenza que se extiende por la calle y por las tabernas del pueblo. El día 15 de Enero de 1999 Trébol Gestión SL (sociedad en la que figura en ese momento otro ex concejal socialista del Ayuntamiento de Getafe, José Luis Rivas Cabezuelo) y Promociones Inmobiliarias Gonzalez Gervaso, SA –»Promogonsa»- (Francisco Felipe González Gervaso) adquieren en una notaría de Getafe ocho fincas registrales que constituyen el denominado solar de Manini.

La operación tiene un coste de 1500 millones de pesetas en «dinero A». Las hipotecas se firman fraccionadas; por un lado «Promogonsa» y por otro, agrupadas, las del otro 57 % (Trebol Gestión, SL y Luna de Madrid, SL). La «superpoderosa» sociedad Luna de Madrid, SL (las cuentas anuales harían temblar a Zapatero) se «quedara» con el diez por ciento de todas las adquisiciones. La operación de Neira es espectacular. Ese porcentaje del 10 por ciento se transmite a Luna de Madrid, SL, en escritura pública once meses después. Ya no es diputado y puede figurar en el registro mercantil como administrador mancomunado «indispensable» de la mencionada sociedad.

La Huerta del Jardinero incluía, además de las propiedades de Carlos Manini Mantilla los terrenos ocupados por industrias como Española de Ingeniería, Industrias Cimar y propietarios particulares como Francisco Macías, Felipe Martín Merino, Josefa Merino Martín, Manuel Gustavo Bada y Luis Cifuentes.
El PAU El Bercial Universidad recogía esta zona, antigua unidad de actuación zona 18 «Huerta del Jardinero», como sistema general para ampliación de la Universidad Carlos III. El convenio presentado al Ayuntamiento otorgaba a los propietarios de los 73.723 m² de suelo bruto edificabilidad en vivienda libre, protegida y comercial a cambio de la liberación de los terrenos.
Apenas un año después de dejar de ser diputado regional (15 de septiembre de 2000), Jesús Neira se adjudicaba en el convenio 48 viviendas viviendas de Protección Pública de más de 110 metros cuadrados a través de La Luna de Madrid y 18 más a través de Astron Iniciativas; además de 250 m² de edidficabilidad comercial. Puede que no sea ilegal, pero sí moralmente reprobable. Jesús Neira revendió las viviendas adjudicadas en el convenio sacando las plusvalías que se merecía su «gestión urbanística» durante todos esos años anteriores… Trébol Gestión se adjudicó 90 viviendas libres, 87 viviendas de VPP de más de 110 m², 100 viviendas de VPP de menos de 110 m² y 401 m² de comercial con un valor (oficial y de mercado en el momento que vendió la libre) de más de 15 millones de euros; el terreno bruto le había costado menos de cinco millones.