Los vecinos del resto de municipios de Madrid sabrán disculparnos. No es culpa de nosotros, de los de Getafe; aún no. Dentro de ocho meses, si persiste, entonces sí será el momento de dictar sentencia en contra nuestra. El alcalde de esta ciudad, Pedro Castro Vázquez, ha perdido el raciocinio. Definivamente está aquejado de lo que algunos chistosos llaman mal del alma.

Del almanaque, del calendario. Chochea de puro viejo. Y, el problema, no es que desnude sus escasos recursos mentales; el problema es que se gasta nuestro dinero en atroces farolas, maceteros y otras obscenidades. Recuerden todos y cada uno de los impuestos que han de soportar a lo largo del año y piensen que su Excelencia los gasta en publicidad, en seguir haciéndose fotos, y más fotos, cientos, miles de fotos, en boletines, cuadernillos, informativos, cartas, folletos y todo tipo de publicaciones, en papel ofset o cuché; fotos antiguas, arregladas, retocadas, de cartel electoral antiguo, de pura propaganda partidista, bajo el titulillo encubridor de «información ciudadana». Pura cosmética y ocultamiento. Trabajo que podría ser ejemplo del famoso Max Factor. Hay que ver la cara que tiene en realidad. ¡Y la que ha tenido para engañarnos tanto tiempo!

El último apunte de su cuadernillo de ideas geniales le ha llevado a mandar rotular una valla en la carretera de Toledo, la que ilustra esta entrada, frente al nuevo edificio de El Corte Inglés con el nuevo eslogan o catalogación política de la villa. Él, encarnado en diosecillo, visionario apagado, régulo de estos lares, ha decidido que Getafe es la Capital de Madrid. ¡A ver si se entera Esperanza! ¡A ver si nos enteramos todos! Que no fue el sol, ni la seta ni el ron. Que piensa, y no dejará de pensar, a falta de propuestas serias y un proyecto de ciudad, mantener la broma más allá de lo permisible por los ciudadanos. Ya lo dijo una vez: «pa chulo, yo y mi pirulo».

Nunca había sido sometido, que recordemos, a una broma como la que le gastó Aguirre en el último Debate sobre el Estado de la Región, a cuenta del extraordinario folleto de autobombo sobre los 1.000 primeros días de gestión, que mandó imprimir ya muy pasados, allá por el 1.200 de esta legislatura y el siete mil y pico como alcalde. ¿No le parece bastante tiempo, que aún pretende vender su imagen de «gestor apasionado, solvente y eficaz», que necesita utilizar fotos antiguas y repintar la ciudad? Quien no le conozca que le compre…

Dicen (nosotros no lo hemos visto) que la primera mano de pintura sobre la valla incluía el escudo de la Comunidad de Madrid. ¿Será posible tal grado de irresponsabilidad en un cargo público? Ante la posibilidad real de se acusado de usurpación de los símbolos regionales el máximo responsable del Ayuntamiento de Getafe han borrado el escudo de las siete estrellas y han «matizado» bajo el nuevo título de la ciudad, el sentido del rótulo con la palabra «campaña». Eso parece que lo justifica todo. Incluso la locura.

Efectivamente, el alcalde de Getafe está de campaña. De campaña electoral; y costeada por todos los vecinos. Con ocho meses de adelanto sobre el calendario previsto. Eso sí es prisa.