Encendí el ordenador, como casi todos los días desde hacía unos años. Al abrir el correo electrónico apareció un mensaje nuevo. Era escueto. “Tiene un comentario nuevo en su blog El Aserradero”. Ese insignificante cuaderno digital era el medio que utilizaba para expresar mis opiniones sobre la actualidad local que, de de haber tenido vecinos o vecinas, o si hubiera tenido la costumbre de ir al bar, habría podido, entre cerveza y cerveza, criticar, sobre todo eso y sin mayor trascendencia, a los políticos que nos gobiernan; y no en un lugar virtual que se mostraba a la vista de todo el mundo y, además, por escrito. Me gusta criticar al gobierno, a cualquier gobierno; al de mi pueblo, al regional, al nacional, incluso, al de otros países. A la oposición, apenas le prestaba atención. No son capaces ni de ver los errores del mandamás de turno, cuanto menos, criticarlos o realizar buenas propuestas. La mayoría de las veces, gobernantes y oposición, juegan a lo mismo, caminan por la misma senda, sometidos a engranajes solapados, sorteando los mismos eslabones del poder. Muchas veces inmunes a la ley universal que adjudica una reacción a cada acción. Desde posiciones presuntamente distintas pero avanzando siempre en la misma dirección y el mismo sentido. Todos con sus buenos salarios y a pesar de ello, de pagarles creo que muy bien, un sueldo al que suman todas las dietas imaginables y el transporte, generalmente lujosos coches, a pesar de ello, como decía, no tienen bastante. Siempre les parece un salario escaso. Y roban; o procuran ser cómplices de los que se aprovechan de lo público.
Accedí al blog. Era una entrada sobre las elecciones municipales. Sin ninguna importancia, visto hoy tras más de cinco años. El candidato que hasta ese momento era alcalde había vuelto a ganar. Siempre prefieren, la mayoría de mis vecinos, lo malo conocido a lo bueno por conocer; como regla general. No quita, salvada su inane influencia, que exista un pequeño porcentaje de ciudadanos que de manera más o menos consciente analiza los pros y los contras de unos y de otros, y que quisieran que la izquierda gobernara como la izquierda y que la derecha no aplicara los cánones, igualmente, de la izquierda. ¿Tan complicado era que los políticos fueran, simplemente, sinceros y honrados? Pensaba yo por aquel tiempo que no se debía vender la democracia y toda la demagogia que la rodea, la mentira y la corrupción, como el queso manchego barato. Mezcla de oveja y vaca a partes iguales; de churra y de merina, todos mezclados, sin distinciones, sin méritos..
Allí, en la pantalla de la computadora, delante mío, tenía el comentario. Estaba en inglés; lo mismo -pensé en aquel momento-, se trata de algún spam, ese tipo de correos informáticos masivos y especializados que se había colado en la plataforma gratuita de espacios digitales donde muchos y muchas, de manera anónima o reafirmándose con un perfil auténtico, se explayan con textos, fotografías o videos, propios o copiados, sobre los más diversos y variados temas.
SUSAN ROBINSON said…
– Mr. Serrin. Could you please contact me as soon as possible. This matter is of great importance. It is in regards to your work in London in 1970. I appreciate your attention to this matter and look forward to hearing from you soon.
Tras estas lineas aparecía el correo electrónico de la tal Susan Robinson. Una dirección que me parecía inquietante y peligrosa. ¿Qué desconocido mundo se abría tras ese pequeño mensaje? ¿Qué personas, qué nuevos paisajes, qué relaciones y qué extrañas historias se abren al mundo tras una dirección de correo electrónico? Antes necesitabas conocer personalmente a una persona o tener algún tipo de relación familiar o comercial para usar su dirección de correo y comunicarte. Pero ahora, con la informática, eso era mucho más fácil y complicado a la vez. El conocimiento de gente nueva era, a simple vista, mucho más sencillo y rápido. De pronto, ahí mismo, tras el display brillante del monitor teníamos a alguien que se ponía en contacto por alguna razón ignota o argumentada y, sin más explicaciones, se abría una ventana o, incluso, una puerta a lo desconocido.
Mis conocimientos de inglés eran tan rudimentarios y básicos, tan escasos, que preferí copiar el texto y traducirlo a través uno de los muchos programas gratuitos de internet, en concreto uno llamado “altavista”. No era cuestión de adivinar las palabras que ignoraba y que podrían dar, o quitar, finalmente sentido al mensaje de manera fidedigna o, por el contrario, tergiversar el contenido con matices sutiles o incluso desvariar. El resultado del traductor no era mucho mejor de la versión que intuía sin ayuda alguna:
SUSAN ROBINSON dijo…
– Sr. Serrin. Podría usted entrarme en contacto con por favor cuanto antes. Esta materia es de gran importancia. Está en vista de su trabajo en Londres en 1970. Aprecio su atención a esta materia y miro adelante a la audición de usted pronto.
Susan Robinson, una persona totalmente extraña, y extranjera, nos confundía con alguien que tenía el mismo nombre y apellidos. Alguien que estuvo o vivió en Londres en el año 1970 por motivos de trabajo.
Rápidamente redacté un pequeño texto y lo pegué en el traductor. Opté por no utilizar el correo electrónico que me facilitaba y contestar a través del blog, como un comentario más, esta vez del propio autor, ocultando así la dirección de correo electrónico que solía utilizar en mi vida privada. Así, de esa manera, empezaba a navegar por el universo digital una historia, no sabía si cierta o falsa, desnuda a la vista de todos, de mis conocidos, de mi familia, del mundo entero; una historia sorprendente y extraña.
El contacto directo a través de la red me inquietaba; temía algo peligroso, como una trampa, una excusa para la venta por correo, una pequeña estafa con un argumento peregrino, en el que sólo caían los idiotas, un pequeño enemigo agazapado acechando tras la pantalla del ordenador a la espera del más mínimo descuido. El universo de internet, hecho con el total del mundo más o menos civilizado, está repleto de locos. Así, pues, contesté sin ofrecer más datos que los que consideraba imprescindibles, creyendo que así zanjaba el asunto.
PEPITO ASERRIN said…
– In 1970 still it was in project. My father made the rounds to my mother in the orchards that were contiguous the Guadiana, Is impossible. (En 1970, yo sólo era un proyecto. Mi padre rondaba a mi madre por las riberas del Guadiana). Es imposible.
Sin embargo al día siguiente tenía un nuevo comentario en El Aserradero. No había dejado ninguna dirección de contacto por precaución, intentando camuflarme en lo posible tras la apariencia “cartonizada” de la fotografía que utilizaba en mi perfil. Y así, la historia, se enrevesaba públicamente a través de los miles de puntos luminosos del monitor. Me parecía una historia insólita, como un encuentro entre desconocidos, que se había iniciado y se desarrollaba a través del diálogo de los comentarios de un blog de opinión sobre la política local, sus miserias y corruptelas.
SUSAN ROBINSON said…
– Was you father in London in 1970? Did he serve in the Spanish Army? Was he born in 1949? Did your family ever live in Santiago de Compostella? It is very, very important that I speak with you.
El argumento se alejaba un poco más. El dedo de la extranjera apuntaba de manera errónea hacia mi padre. Contesté, no sin dudas sobre la sinceridad de los requerimientos de la tal Susan. Parecía una historia verídica. Pero mi padre no podía ser tampoco el personaje que buscaba. ¿Quién era aquel personaje misterioso que se llamaba como yo?
Contesté con un pequeño resumen de la vida de los Serrines, o lo que yo conocia hasta ese momento de su historia.
PEPITO ASERRIN said…
– Mi padre se llama Silverio A. Serrín y nació en 1938 en Montijo Badajoz. Hizo el servicio militar destinado en el antiguo acuartelamiento de Artillería número 13 de Getafe. En 1971 se trasladó a la zona sur de Madrid más exactamente a la Villa de Parla. Una ciudad que, en aquella época, no era ni siquiera un arrabal. Un villorio anclado en medio del caciquismo eterno de España, a medio camino entre Madrid y Toledo. Una ciudad cercana a los nuevos polígos industriales que surgían como setas a la luz de la revolución industrial que se desarrollaba por esos años en España, un pueblo sin agua corriente, una ciudad que crecía deprisa con edificios sueltos, sin orden ni planificación, sueltos, deslavazados, construidos sin gracia ni armonía, sin servicios, en urbanizaciones sin acabar, rodeadas de barrizales y vertederos. Mi padre nunca ha viajado fuera de la península ibérica.

El padre de mi padre, se llamaba Segismundo A. Serrín, nació en 1896 en Herrín de Campos (Valladolid), de donde procede una de la rama más antigua de los Serrines. Mi abuelo, al igual que su padre, y el padre de su padre, se dedicó a la trashumancia de ovejas merinas. Sus idas y venidas por los caminos reales o cañadas, sobre todo la leonesa, le moldearon haciendo de él un hombre simple, de espíritu libre y apegado a la naturaleza.

Sus días como pastor acabaron al ser alistado obligatoriamene para cumplir tres años de servicio militar en Africa, en el Regimiento número 4 de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache. Herido dos veces en campaña, consiguió volver con vida a la península. Los amores de una moza extremeña le alejaron definitivamente de la vida nómada. y empezó a echar raíces en una pequeña casa que compró en los alrededores de Montijo. Durante toda su vida intentó olvidar los horrores de la guerra. Aquella guerra estúpida y maldita que llevó a los ineptos gobernantes de este país a derramar la sangre de varias quintas de los mozos más pobres de España en esa región abrupta del norte de Marruecos.
Un hermano de mi abuelo Segismundo, llamado José A. Serrín, abandonó la vida pastoril y huyendo del Servicio militar obligatorio embarcó en el puerto de Gijón hacia Cuba. Junto a otros españoles acabó en un pequeño pueblo de la provincia de Las Villas donde montó un horno para cocer tejas y ladrillos. Compró una casa con un gran terreno junto a un caudaloso río. Llegó a poseer una barcaza de considerables proporciones con la que transportaba los ladrillos hasta otras poblaciones de la isla. Tras el triunfo de la revolución en el año 59, el negocio pasó a ser gestionado por vagos e ignorantes “revolucionarios”, teniendo que ser cerrado al poco tiempo. Hoy, sus hijos y nietos viven con los apuros generales del pueblo cubano, repartidos entre Santa Clara y La Habana.

Otro hermano de mi abuelo, Santiago, también se mudó de Herrín de Campos hasta Vizcaya. Allí trabajó, tengo entendido, en la pesca del atún y en la industria conservera. Nadie de mi familia supo nunca más de él.

Todos los Serrines tenemos un nombre compuesto. El primero es libre, el segundo fijo. Mi padre se llama Arcadio, y mi abuelo; y el padre de mi abuelo, y sus hermanos y sus nietos. Mi hijo se llama Arcadio. Todos somos Arcadio. Es una tradición familiar que viene del siglo XVI cuando los moriscos y los judíos conversos buscaron apellidos nuevos en los nombres de los pueblos. El primero en lucir el nuevo apellido se llamó Arcadio Herrín. En las siguientes generaciones la H se transformó en una S, ignorando cuándo y porqué.
Aquel larguísimo comentario en español terminaba excusándome por su uso,  y lamentando que mi pobre inglés no fuera suficiente para aclararle la vida de los Serrines en su idioma.
SUSANNAH ROBINSON said…
– Your information is facinating. I am desperatley looking for a
Jose Antonio {maybe it is Arcadio}Serrin born 1949
who has a sister named Maria, a brother who studied Physics and a father who owned a travel agency. The were said to be from Santiago de Compostella. This gentleman was in London in 1970 and working at the «Playboy Club» He abruptly left London and has dissappeared. Do you have any relatives that might fit this description? Any family history would be greatly appreciated.
(Su información facinating. Soy desperatley que busca a Jose Antonio {es quizá Arcadio} Serrin llevado 1949 quién tiene una hermana nombrada Maria, hermano que estudió la física y a un padre que poseyeron una agencia de viajes. Reputaban de Santiago de Compostella. Este caballero consistía en Londres en 1970 y el trabajo en el » Playboy Club» Él salió precipitadamente de Londres y dissappeared. ¿Usted tiene parientes que pudieran caber esta descripción? Cualquier antecedente familiar sería apreciado grandemente. )
El resultado del traductor de internet me producía una auténtica zozobra. No había forma de que ese “altavista” pudiera hilar dos frases seguidas con un cierto sentido. Era peor que el estúpido lenguaje de los indios en las películas dobladas. Yo no entender ni jota.
Le contesté brevemente. No había más datos.
PEPITO ASERRIN said…
– Se intuye que su historia es igualmente fascinante. Lamento no poder ayudarla. Mi familia y yo desconocemos a las personas que busca. Seguramente son alguna rama de los Serrines que se desplazaron hasta Galicia. Hasta ahora ignorábamos su existencia. Espero que tenga suerte en su búsqueda. Si alguna vez tengo noticias sobre ellos, se lo haré saber.
El asunto de aquel desconocido Pepito A. Serrín empezó a urdir en mi cabeza una serie de interrogantes y, sobre todo, de lagunas, de zonas oscuras que necesitaba conocer. Empezaba a ser una obsesión la historia familiar; tenía que llegar hasta ese personaje. No tenía ninguna duda que era parte de nuestro linaje, de nuestra estirpe de judíos errantes.