Durante unos días hemos visitado algunos lugares y poblaciones de Castellón y Teruel, siguiendo los pasos del general Romualdo Palacio, donde se desarrollaron numerosos episodios de la tercera Guerra Carlista. Comprobará el lector que los carlistas le conocían como uno de los generales ‘republicanos’, bien lejos de la auténtica ideología del general que acabaría ligando sus últimos días a Getafe. Palacio, como buen militar, obedeció al régimen instaurado en España el 11 de febrero de 1873 y que estaría vigente hasta el 29 de diciembre de 1874, fecha del pronunciamiento de general Martínez Campos que dio lugar a la restauración borbónica en la persona de Alfonso XII, hijo de Isabel II, la reina promiscua, obligada a abandonar España en 1868 tras la denominada revolución de La Gloriosa. Además sirvió durante el breve reinado de Amadeo I de Saboya, durante la regencia de María Cristina y el reinado de Alfonso XIII. Palacio falleció en  Getafe el 7 de septiembre de 1908.

General Romualdo Palacio

General Romualdo Palacio

 

El bravo general Romualdo Palacio, mucho antes de ser conocido en Puerto Rico como el general Componte, batalló contra los partidarios del absolutismo que preconizaban los carlistas bajo las banderas de los liberales, del rey Amadeo I designado por el parlamento, de la primera República y, otra vez de la monarquía liberal, sobrenombre que se puede otorgar solo en comparación con las pretensiones de los carlistas: Dios, Patria y Rey; ni acordarse del pueblo, aunque muchos de sus soldados salían de los estratos más pobres de las regiones donde las guerra civiles entre ambas dinastías de los borbones se enfrentaron, como es el caso del Maestrazgo.

Morella, como punto culminante de la comarca fue objeto del deseo de ambos bandos en las tres primeras guerras carlista. Tomada por los carlistas en la segunda guerra civil, fue reconquistada por los liberales, sitiada y liberada una y otra vez. Romualdo Palacio, que se había peleado en la segunda guerra carlista, durante el mandato de Amadeo I de Saboya, consiguió la máxima distinción de un militar en España en el transcurso de la tercera guerra carlista por la acción de Ares del Maestre, otro lugar emblemático de la ruta que hemos seguido. Las tropas absolutistas del Maestrazgo, al servicio de Carlos de Borbón y Austria-Este, autodenominado Duque de Madrid, estaban comandadas por varios jefes carlistas, entre los que destacaba Pascual Cucala. 

 

Cantavieja

 

El 13 de octubre, el cabecilla carlista Marco, al frente de unos 2.000 hombres, tomó Cantavieja. En esta bella población estableció su cuartel general Pascual Cucala.

En octubre de 1873 Romualdo Palacio fue designado Capitán General de Valencia, cargo que ocuparía durante unos meses. Nada era estable en España; ni la monarquía, ni los gobiernos, ni los cargos civiles o militares. Allí, en tierras valencianas, reinaba el caos y la indisciplina. Palacio tuvo que enfrentarse al avance de las fuerzas carlistas, en cuyas manos estaba a punto de caer la capital, y a la sublevación de algunas unidades del ejército contra la República; Palacio consiguió recuperar la disciplina del ejército que mandaba y, según la prensa de Madrid, derrotar a las facciones de Santés, Segarra, Pascual Cucala y Vizcarro.

Plano del campo de batalla Ares del Maestre. 25 de noviembre de 1873. (Biblioteca Virtual de Defensa)

 

Ferran Grau ha recuperado en su libro sobre las guerras carlistas en Ulldecona una carta entre el  comandante del batallón de reserva de Tortosa y el alcalde de Ulldecona, en busca de voluntarios de la República para sus batallones: «El Gobierno necesita que desaparezca cuanto antes la vergonzosa guerra civil —le escribe el— , escándalo de la Europa y desangramiento y ruina del país, sobre el que jamás podrán reinar los partidarios del negro pendón del absolutismo por más que le ayuden los ministros de satanás que bajo el pretexto de un falso celo religioso soliviantan a los ignorantes y, como el Capitán Araña, embarcan a los incautos para que vayan a derramar su sangre por tan odiada y fementida causa, mientras ellos se quedan en los pueblos representando el indigno papel de espías […]».

Pascual Cucala

Hemos recuperado el diario de Pascual Cucala, sucesor de Ramon Cabrera —el Tigre del Maestrazgo— para contar con su propia visión el enfrentamiento con el general Romualdo Palacio. Pascual Cucala Mir, nacido en Alcalá de Chivert, era un agricultor y ganadero acomodado hasta que en 1972 le embargaron una finca. El cabreo fue monumental. Con un grupo de unos catorce vecinos de Alcalá se echó al monte constituyendo una partida. Con el advenimiento de la primera república, Cucala empezó a realizar numerosas correrías por el Maestrazgo, un territorio que conocía como la palma de su mano. Su creciente fama le ayudó a organizar auténticos batallones en el Maestrazgo. En septiembre de 1873, el infante Don Alfonso le nombró teniente coronel. Considerado un buen estratega tomó parte en la toma de Segorbe, en las acciones de Minglanilla, Villafranca del Cid, Arés del Maestrat…  Ascendió a Brigadier tras derrotar a la caballería liberal en Tecla, acción por la cual recibió la Gran Cruz al Mérito Militar (carlista). Al final, perdida la guerra, se exilió a Francia siendo uno de los pocos jefes carlistas que no aceptó el indulto. Sus restos descansan en una tumba olvidada del cementerio de Colliure, curiosamente junto a otros exiliados de futuras guerras.

El General Palacio se puso en marcha hacia ese lugar el día 25 de noviembre al mando de dos brigadas; cerca del punto que luego fue teatro de las operaciones, recibió una comunicación del Capitán General de Aragón en la que se retractaba del apoyo prometido y justificaba su decisión por la necesidad imperiosa, según decía el escrito, de regresar a la capital de su distrito militar. «El General Palacio[s], inspirándose en los sentimientos más levantados de espíritu y honor militar, resolvió entonces acometer por sí solo con las escasas fuerzas que llevaba y con la impedimenta de un considerable convoy, la arriesgada empresa».

Diario de Pascual Cucala: «Día veinticuatro de noviembre de 1873. Puse el bloqueo en Morella, no dejando entrar víveres en dos meses; sabiendo que venía la columna de Valencia a llevar víveres a Morella, y yo estaba en San Mateo, me pongo en el Barranco de Vallibona para impedirle el paso al General del Gobierno Palacio[s], que llevaba el convoy de víveres. Este llegando a San Mateo, y teniendo yo la noticia de que había cambiado de dirección, yendo por la parte de Ares del Maestre, marché al pueblo de Catí. Allí estaba el jefe Vallés, me llamó a su alojamiento y me dijo que llamase a algunos jefes de mi Brigada, que él ya tenía algunos jefes de su fuerza, al Señor Vicente Sospedra y Señor Capitán Albiol y al jefe de Estado Mayor y al médico y algunos oficiales. Me dijo que quería formar un acta para que no atacáramos la columna enemiga y cuya acta era para huir, de no tener responsabilidad, de no detenerle. Le contesté que por qué no llamaba a todas las fuerzas de Valencia y al General Marcos Bello. Me dijo que ya les había avisado. Entonces le contesté que ni yo ni mis oficiales la firmábamos, que eso sería una traición para la causa carlista y que el país todo estaba a la mira de nosotros. Sabiendo que hacía quince días que la columna del Gobierno había salido de operaciones con mucha vigilancia y bastante miedo de Valencia, le mandó el oficio el brigadier Vallés al jefe Santés y yo no lo recibí a tiempo, porque al recibirle ya estaba la columna en Morella. El día veinticuatro a las diez de la noche el jefe Vallés recibió un parte del General Palacio[s] que le decía que mañana subiría y que le dejara el paso franco de la entrada del Barranco de Ares; este oficio lo recibió en casa del señor Vinde de Ares y por eso Vallés se puso a distancia de una hora poco más de la entrada del barranco».

Vista desde el castillo de Arés

 

Las fuerzas carlistas trataron por todos los medios de impedir su movimiento tomando posiciones dominantes sobre la Rambla Carbonera, a lo largo de la cual discurría la carretera entre Albocácer, Villar de Canes y Arés del Maestre.

«Día veinticinco. Yo, Don Pascual Cucala, emprendí el fuego a la entrada del Barranco de Ares con dos batallones, Vallés con sus fuerzas y Segarra y un batallón mío mandado por Viscarro estaban a la vista mía. Vallés como Jefe no les mandó que vinieran a reforzar la fuerza; también estaba Sierra Morena con sus dos batallones en Culla y tampoco vino, estaba distante dos horas del fuego; también estaba Ignacio Polo junto con Vallés; rompí el fuego a la una de la tarde con mis dos batallones en contra del enemigo que llevaba seis mil hombres; duró el fuego hasta las cuatro de la tarde, que se me concluyeron las municiones, y la fuerza enemiga no pudo adelantar ni un paso; entonces se encontraron con Vallés y tuvieron media hora de fuego; la columna enemiga se metió en las muelas de Ares y en el pueblo de Villafranca. Dijo el General Palacios al pueblo de Villafranca que la subida de Morella le costaba 25 mil duros y por eso había subido y que lo dejó subir Vallés al pueblo de Morella; las bajas mías fueron dos muertos y cinco heridos; el enemigo 25 muertos y de heridos no sé el detalle. Vallés tomó la marcha al pueblo de Albocácer y pidió dos trimestres de contribución.

Pues yo de Catí no teniendo recursos me dirigí a la parte de Villanueva y pedí la contribución; me dijo el señor alcalde que no podía dármela a causa de que Vallés ya había cobrado dos trimestres; entonces le dije que me diera lo que tuviera recaudado, que cuatro días hacía que no había suministrado la fuerza y me entregó cuatrocientos duros; yo le entregué el herido para que Vallés no le matara y tomé la marcha a la parte de Valencia.

El general jefe del Estado Mayor del Ejército Carlista del Centro, Antonio Oliver, escribe sobre la ‘Acción de Ares’: «La situación de Morella en el mes de diciembre de 1873 era sumamente crítica: sin víveres, sin municiones y con pocas esperanzas de ser socorrida, no podía esperar otra suerte que la de entregarse a los carlistas, si estos oponían una mediana resistencia a las fuerzas que en aquella época podía enviar el ejército liberal en su auxilio. […] Para los liberales, la pérdida de Morella hubiera sido de fatales consecuencias, y comprendiéndolo así el general enemigo Palacio, reunió una división compuesta de unos 7.000 hombres de todas armas y algunas piezas Krupp, y con ella marchó a Albocácer para desde allí dirigirse a Morella por Ares del Maestre. Vallés era en esta época el comandante general interino de las fuerzas del Maestrazgo y Valencia, una de cuyas brigadas mandaba Cucala; y la irreconciliable enemistad de estos dos jefes, no contribuyó poco al fatal resultado de este hecho de armas. El camino que el enemigo debía seguir desde Albocácer, se extiende a lo largo de la Rambla Carbonera que tiene su origen en la Muela de Ares o de las Horcas. Desde la altura de Villar de Canes, este camino entra en un desfiladero formado por las derivaciones del Tosal de Orenga y alturas que se entienden hasta el Monte del Grao por la derecha, y por el Tosal Redondo, alturas de Benasal, Muela de la Torre y Muela de Ares por la izquierda». 

» Cucala con dos batallones de su brigada, se situó en las alturas de la derecha del camino descrito; ‘Sierra Morena’ y Corredor, a quienes dieron la orden de ocupar las de la izquierda y posiciones de Benasal, no concurrieron a ellas a pesar de haber llegado a este último punto en la tarde del combate y oir el fuego bien distintamente; Santes, a quien también se había avisado para que concurriera, aprovechó la circunstancia de no tener fuerzas en su persecución, y prefirió marcharse a efectuar una de sus excursiones; el 2º batallón de la brigada de Cucala, que lo habían situado en las inmediaciones de Vallibona, no se le envió orden para que acudiera al campo de batalla, y Vallés, con el resto de las fuerzas, se colocó en las posiciones de Ares.

» A las dos y media de la tarde, posesionado el enemigo de las alturas de la izquierda, en donde no había fuerzas nuestras, colocó en ellas su artillería, que protegió muy eficazmente el ataque dirigido contra nuestra ala izquierda obligando a Cucala a retirarse; y continuando por ambos flancos el avance, al propio tiempo que la artillería Krupp dirigía sus fuegos sobre Ares, cayó sobre este punto haciendo retirar de él a Vallés. El entonces capitán D. Antonio Oriol, hizo al frente de su compañía una heroica resistencia, protegiendo hasta las nueve y media de la noche la retirada de nuestras fuerzas.

 

Vista de Ares de Maestre

 

Una vez atravesado el primero de estos pueblos, los carlistas comenzaron a hostigar a las tropas de Palacio desde las alturas que dominaban ambas vertientes del barranco, obligándole a emplear a los brigadieres Weyler, que llegaría a ser Capitán General de Cuba en 1896, y Golfín en la toma de dichas alturas, lo que consiguieron con grandes esfuerzos. Eso permitió a las tres columnas llegar a Ares, lugar que se consideraba inaccesible, donde se volvieron a concentrar bajo el mando del mariscal Palacio, continuando la marcha libremente hasta Morella. El día 27, tras derrotar y dispersar a las facciones de los distintos cabecillas carlistas del Maestrazgo allí reunidas, levantó el sitio de esta villa castellonense.

Antonio Oliver concluye: «Las consecuencias de esta acción fueron que los liberales aseguraron la posesión de la importante plaza de Morella, y que entre las fuerzas carlistas y el país decayó mucho el espíritu, pues vieron que a pesar de las fuerzas que ya tenían (unos 10.000 infantes y 900 caballos) no habían conseguido cerrar el paso a tan corto número de enemigos, habiendo posiciones que defender».  

Siete de diciembre. Volvemos al diario de Pascual Cucala: «Emprendimos el fuego en el pueblo de Burjasot contra unas compañías de carabineros y les emprendimos hasta dentro de Valencia; les hicimos un oficial muerto y dos heridos. La caballería carlista llegó hasta la calle de Murviedro e hicimos noche en el pueblo de Catarroya, a distancia de dos horas de Valencia. Por la mañana tomé la marcha al pueblo de Alberique; me viene el confidente y me dijo que a Alcira había llegado una columna de Madrid. Tomé la marcha a Cheste y anduvimos toda la noche, porque por la parte de Chiva venia el General Palacio[s] del Gobierno y me cortaba los pasos de la retirada de la parte de la Sierra de las Cabrillue. Descansé en el pueblo de Siete Aguas y por la mañana tomé la marcha en dirección al pueblo de Utiel; al pasar por cerca de Baguena salieron los republicanos y mandé a unos cuantos caballos; tuvieron unos tiros y los carlistas les hicieron retirar dentro del pueblo. Seguimos la marcha en dirección a Utiel y de Utiel tomé la dirección al pueblo de Ademuz. Allí descansamos un día y tomé la marcha en dirección a Teruel».

22 de diciembre. Pascual Cucala: «Entramos al asalto en el pueblo de Murviedro, rompimos el fuego por dentro de la población y desalojamos a los republicanos de todos los puntos, excepto del castillo, llevando a los prisioneros que íbamos cogiendo a la prevención. Ataqué tres días consecutivos y cogimos sesenta republicanos que estaban haciendo las guardias. Vino la columna del General Aranda y nos retiramos al pueblo de la Vall d’Alba; mandé al señor comandante Bautista Severino, en compañía de los carlistas de la población, para que despachasen a los que ellos sabían que habían tomado las armas forzosamente para defender al Gobierno y que los despachasen a sus casas y despachamos cuarenta. Por la mañana volví a llamar otra vez a los carlistas y les dije que se asegurasen si quedaba alguno de los forzados que lo despacharan; que los que habían tomado las armas se habían de fusilar y volvieron otra vez y sacaron ocho. Después les dije a los curas que les confesaran y ellos respondieron que no querían confesión y les fusilé; con este entusiasmo que tenían no quisieron confesión».

En febrero de 1874 el general Romualdo Palacio aún sigue persiguiendo a Cucala. Día 21 de febrero 1874. Diario de Pascual Cucala: «Entrada de Amposta; principiamos el fuego los días 21 y 22, entrando por los arrabales, haciendo fuego graneado los voluntarios de la libertad; la tropa del Gobierno tomó la barca y se marcharon porque les espantamos de modo que no se atrevieron a detenerse ni tan solo un momento; pasaron el Ebro y se metieron dentro de Tortosa. Entonces entramos en la población y cogimos dos cañones, bastantes municiones y veinte fusiles y tomamos la marcha al pueblo de Uldecona».

Día 9 de marzo 74. Diario de Pascual Cucala: «Emprendimos el fuego contra la columna del General Callejas del Gobierno. Por nuestra parte, el General Palacio[s] me dijo que por la mañana pasara con mi brigada, cruzase el río por el puente y que ellos, que eran él y el jefe Santés, pasarían por el puente de Contreras con cinco batallones y trescientos caballos. Pasaron nada más que con cincuenta caballos y un batallón el puente de Contreras; el General Callejas le hace una descarga a la caballería y entonces el General Santés se volvió atrás y apechuga a la Infantería y hace cuatro muertos y heridos; me pongo a retaguardia del enemigo y entonces se retiró Palacio[s]. Yo solo estaba haciendo fuego (falta en el original) la columna enemiga ella llevaba tres mil seiscientos hombres y yo llevaba dos mil hombres y un (falta en el original) de Santés que había pasado el río tampoco me ¿ayudó? Pues yo emprendí el fuego a las once de la mañana y duró hasta las cuatro de la tarde; la Caballería me cargó por tres veces y siempre fue retrocedida. El enemigo tuvo veinticinco muertos, ciento treinta heridos, cuarenta prisioneros y once caballos. A las cuatro de la tarde yo caí herido del brazo, me hallaba sin municiones, y en vista de que no me venía el refuerzo, me retiré. Mis bajas fueron seis muertos y sesenta heridos. A todos me los llevé al pueblo de la Venta del Moro y allí llegamos a las diez de la noche. Allí curamos a todos los heridos y por la mañana tomamos la marcha al pueblo de Chelva y entregué la fuerza al mando a mi hermano que tomó la marcha en dirección al Maestrazgo. Yo me quedé en Chelva y a los tres días la compañía de Guías me llevó a Segorbe con una parihuela y tuve la bala nueve meses dentro del brazo».

Día cuatro de mayo 74. Al mando de mi hijo Bautista emprendió el fuego, dirigido por él, que tenía la fuerza, a pesar de estar yo enfermo. Emprendieron el fuego en vista de Castellón; las bajas de la tropa fueron veintisiete heridos y con ellos muerto también un teniente coronel. Mis fuerzas tuvieron tres muertos y siete heridos; el fuego duró tres horas.

En 1883, diez años después de los hechos, el Consejo de Ministros concedió al teniente general Romualdo Palacio la Gran Cruz de San Fernando por su actuación en Ares del Maestre. Palacio, como Capitán General de Valencia, acordó con en el Capitán General de Aragón realizar un ataque combinado entre los dos cuerpos de ejército para batir a las fuerzas carlistas que asediaban desde hacía tiempo la plaza de Morella, donde resistía el coronel Gil y Velilla. Los carlistas bloqueaban con sus acciones la comarca de los Puertos de Morella, pasillo de importancia estratégica que comunica el centro de Aragón y la costa mediterránea, interrumpiendo la circulación de trenes y destruyendo las líneas del telégrafo.