12 descerebramiento del año 144 de la era Patafísica.
— Festividad de San Landrú, ginecólogo—
(Según el calendario Gregoriano,  lunes 9  de enero de 2016) 

Es un día muy feo para publicar un artículo. Mañana es la festividad, nada  más y nada  menos, de Desirée Landrú, el monstruo francés guillotinado por casarse y asesinar a más de 300 mujeres. Pero así ha caído;  mañana, no hubiera sido mejor,  será la fiesta de San Guillotín, médico; el mismo que curó en Versalles a Landrú una fría madrugada en febrero de 1922. Cualquiera sabe qué es peor.  Acabando el año pasado, precisamente el veintiséis de diciembre, celebra el año Patafísico el día de San Sísifo; o de monsieur Sisyphe, como proclaman los miembros del excelso e inalcanzable Colegio Patafísico de París.  No es broma. Y para celebrar su onomástica ficticia, el enmascarado Sátrapa Polemista del oculto Colegium Patafisicum Margaritensis de Getafe acudió a la escuálida fórmula intelectual de preguntar para ofender. Aprendió Sísifo, Sisifante o su alma gemela en lo digital, Lorenzo Roldán *, a estornudar y excretar piedras ideológicas, envueltas en una turbia  y ponzoñosa verborrea, en el que fuera periódico de la capital, hoy —al igual que otros— venido a menos como una sencilla página web; y lo más extraordinario,  para intoxicar a incautos y a extraños desde el mismo pesebre. Lo nunca visto. El poder se disfraza para hacer agit-prop; el lobo, de ovejita. ¿Y el tigre?

Está de moda, agrandada por la invasión de ‘zombies’, ‘trolls’ y otros aparecidos digitales, proclives a la exigualdad mental,  aficionados a la discusión partidista y la guerra de bandos, el hábito de ocultar el rostro, disfrazar el perfil con nombres rimbombantes, clásicos o vulgares, que solo disimulan la pendantería y la presunción de poseer la información divina. Siempre como francotiradores sin riesgo, desde la atalaya que les permite observar y disparar a todo lo que se menea por los dominios de la gran sacedortisa.  La patafísica es la ciencia de lo particular, y así Sisifante se muestra una y otra vez como un verdadero maestro, oficiante eucarístico, del gesto ceremonial de bajar hasta su propia inmundicia para concluir que el mundo, transustanciado en excremento, huele a mierda. Y volver a subir otra vez. Sísifo vive en el pesebre aunque destinado en el inframundo por voluntad propia. Siendo, como es, parte del poder, es más extraordinario el hecho de la ocultación aunque el baboso siempre deja el rastro húmedo y el hedor. Pretende en su fuero hacer de corsario, sin cara, sin nombre y sin declarar la patria para la que navega por la red de redes, practicando vulgar piratería ideológica; basura en el océano digital.

Fuera de la patafísica y del absurdo, lo normal en que antes de publicar un texto, al que se le puede conceder la presunción de libelo, sin tener en cuenta el contenido intelectual a causa de la máscara y el encubrimiento, se someta a la correspondiente evaluación. No se deberían tomar en cuenta artículos que lleguen sin firma, anónimos  o con seudónimo desconocido; o, que llegado el caso del conflicto por alusiones, no se pueda acreditar la personalidad del autor. Si tal eventualidad tuviera como fin la corte humana, no la patafísica ni la divina, tendría que dar la cara la única responsable de la ocultación, figura autónoma solo en cuanto a la fiscalidad y la afiliación al régimen laboral, no desde luego por su acepción como independiente. Falsos autónomos que proliferan como setas, simulados o fingidos según la docta jurisprudencia y  que emiten la mayoría de sus facturas a un único proveedor ¿Adivinan? Como la nómina de Sisifante. El ama del calabozo premia y castiga a discreción, según le viene en gana o, como dicen en el Caribe, le sale de la papaya.

Él, Sisifante, ocupado desde hace poco en la tarea de divulgar su profundo pensamiento en artículos patrocinados, brillante al parecer de la gente afecta a sus paparruchadas, ha perdido su valioso tiempo en preocuparse por nuestra salud. Hay que darle las gracias por rebajarse tanto y permitir que los ciudadanos profanos a sus ideologuemas interrogativos, quizás unas pocas decenas de los miles de ciudadanos getafenses, puedan intuir lo más importante del año. Que si los fragmentos de Ahora Getafe aprobarán los presupuestos, que si la porra de investigados del PP, que si sus excompañeros de IUCM no tienen salida, que si fulano tiene que ir al médico; o que si a ese par de menganitos hay que mandarlos a la residencia. Espectacular.

Nada nos alegra más que contemplar publicada en esa capital de los periódicos locales una mención implícita a la única solución que ha encontrado el polemista a nuestra enfermedad,  sin mostrar el rostro o descubrir el verdadero perfil que en este caso esconde Jano. No sabe el dios bifronte que la enfermedad que nos aqueja, resumida como simple libertad de pensamiento, es intratable e incorregible. Soy, señor, un insurrecto; de nacimiento.

Sin embargo, el director del Centro Patafísicum Margaritensis, doctor a tiempo parcial en sisifonías, nos manda — a más de uno para sus adentros, supongo— a visitar el médico por la maldita e inexistente úlcera de estómago. Es un diagnóstico frívolo y desacertado aunque, en su propio error, nos procura felicidad y una dosis moderada de ego. No debemos ser nosotros los destinatarios de la puya, aunque la sospecha, tras rechazar al resto de editores, incluso los venidos a menos que son mayoría, nos provoca la contestación. La referencia, exhalada por un hijoeputa desconocido, sería grata solo por ver que, siendo tan poca cosa, alguien con sección en un periódico local ha tenido en cuenta la figurada úlcera que nos aqueja como una de las 17 cosas más importantes de este imprevisible 2017. Considerándonos a estas alturas fraile antes que figonero, no podemos pasar por alto el tiempo y el esfuerzo dedicados, —no vayamos a ser presuntuosos hablando de arte y se nos vaya de madre el ego— a cocinar insalubres y nauseabundo guisos de podredumbre e inmundicia política hasta llenar la sentina de este barco digital.  Allá va también Sísifo.

No dice mucho el artículo a favor de la altura intelectual del polemista, por supuesto. Se le acaba el recorrido. Los protagonistas de sus bestiarios empiezan a estar cansados de la estratagema aunque, a juicio de su magnífica satrapía, habrá que repetirles la lección. Ciudadanos, Populares y Podemitas, tened cuidado con el oráculo de Sísifo. No se nos escapa, querido, desafecto o ignoto lector,  que podría empezar otro capítulo delictioso y paupérrimo sobre las asociaciones de vecinos, grupos o entidades hostiles o antipáticas con el régimen imperante de las vestales, incluso con más personas además de los exalcaldes y los editores venidos a menos. Dejemos al sátrapa ilustrado con sus cien maneras de enviar a los insumisos al psiquiátrico o, dependiendo de la edad, al geriátrico con los exalcaldes. Cree el estulto que no llegará a la edad de merecer una buena, o mala, residencia.  

El de la piedra se licenció en chismosería y se indoctoró en el pesebre con un ensayo nunca publicado que tituló ‘De la flor en el culo de la alcaldesa al clítoris del exalcalde’ con el que recibió las alabanzas de todos los miembros del incipientes y oculto Colegio de Patafísica de las Margaritas, ubusucursal del aún oculto Colegium Patafísicum Getafensis. Hace unos meses, se autonombró [al ser el único miembro] sátrapa estulto, adjunto cívico a la sectaría infeliz, corretumbos, saltapollas del lenguaje,  y otros 25 títulos más con los que ha empezado a adornar su curridículo falso… Títulos que le dan cobijo y le permiten atacar a los enemigos de la patafísica y a dar consejos, no amenazas, a los demás mortales para que sigan sin problemas con sus anhelos, peloteando y manoseando, de paso, el cerebro sexual del que ostenta el poder, haya sido ilustrado o necio, gay, lesbiana o hermafrodita.

Titulado en correrías, Sisifante, se ha dedicado en cuatro saltos a su florilegio preferido: defenestraciones inversas, eyectivas, edificantes y otros arrebatos. De asegurar que esta mujer es es casi perfecta a escupiré en vuestras tumbas, heréticos criticones. Tal es la consistencia y la honestidad de sus diatribas o diarreas estólidas, como dueño del cáñamo, que reparte estopa contra aquellos pecadores que no se dan a la complacencia salival y a la hermenéutica periodística necesaria para excitar y ponderar suficientemente a la ginecocracia soberana. Pelota, en fin, con retórica a sueldo.

Y así, acabado el círculo primero y último de sus necedades, ámbito cerrado de sus anhelos y erotosueños, totalmente extático [no estático, lector], ha mostrado su intelecto vacío para rellenar un folio con 17 preguntas para un año acabado en 17. Sepa el lector que, según la patafísica [¿No creera que es de cachondeo?] empezamos el mes Descerebramiento del año 144 de la era Patafísica. Qué importante pedoctrina y sabiburría acumula el eclecto y escondido polemista; o, permítame la real academia de la cinética palabrera acudir a la repetición de género: obsesa, erecta y escoñada polemista. Aún nos quedarían tres o cuatro versiones, en función del sexo practicado, que no de nacimiento, aunque no será hoy que exhibamos esas paráfrasis, glosas de género o parodia de imbéciles descerebrados. Los Sisifantes y las Sisifantas.

Se atreve el falso Sísifo, como antiguo seguidor herético del señor de las Iglesias ‘pableteranas’,  soñar con la muerte o, incluso, con el asesinato psicosocial de los viejos, y, si no fuera posible por las consecuencia de las estrictas normas civiles de una sociedad eminentemente solidaria, mandarlos —voluntaria u obligatoriamente—, a una ignota e inexistente residencia de mayores. Los patafísicos no envejecen; se hacen. Pero en su yo mayúsculo, intemporal, infinito, manifestado a través de la diarrea mental, piensa que a los vejestorios y profanos de su disciplina transcendental hay que entretenerlos y entreconvertirlos en vegetales dentro del futuro geriátrico que deberían habilitar su amas; a la hoguera, incluso, si hace falta y no rectifican ese par de viejos.

La manía de pensar en libertad está en contra de las leyes universales en la que milita una tropa de vulgares monaguillos pantydeológicos, defensores a ultranza de la autocensura y la farmacotropía siempre con el objetivo de ensalzar el sarismo y frenar las lenguas sueltas. Sisifante se ha convertido, gracias a sus animalarios, en un vulgar especialista en desentrañar etopeyas futuras de sus enemigos imaginarios, ya sean grupos o personas.  Y eso, como paradigma de la ofensa, lo escupe a la cara de los exalcaldes relatando las ofensas en el periódico más ‘prietista’ que hubo y que se mantuvo, por su voluntad y peculio, contra viento y marea en  contra de la censura que quiso imponer el anterior rector de la parroquia. Bravo. Menuda ‘raquelada’.

Estamos bien de salud; quizás se refiere el tonto que sube una y otra vez inútilmente la piedra, fruto de la distocia que padeció su madre provocándole la cuadratura del cerebro y, finalmente, le empujó al inframundo sarista, a su propia enfermedad: un corazón inerte y un alma de corsario que —no para defender—, para ofender,  adjudica y reparte gratuitamente —no publicidad—, reclusión y enfermedad. ¡Quizás, de momento, no sea necesario galeno! Cualquier imbécil sabe que nadie está exento del elixir de la vida, que nadie evita el destino que agrede, tarde o temprano a cualquier mortal. De tanto agujero vano, sin masa neuronal, regresa la luz de su deseo como un boomerang distópico. Quizás, más de uno lo piense; sí que estamos locos: tanto como para prestar atención a semejante estítico mental, preocupado como cualquier excelso patafísico en lo particular, sin atender a las normas de la generalidad y el interés común. Ande yo caliente… y así defiendo a mi señora.

Su última pregunta, para presumir y ostentar la sabiduría que acumula de manera tan fabulosa desde su escondite, requiere al tiempo que deviene por uno de sus intereses más íntimos y particulares. El futuro, y el movimiento de los planetas, referido a algo tan importante como la prensa local…  Es exultante. Sipsifante, tiene que bañarse esas axilas que, a estas alturas, con las alas abiertas, huele a cuervo. Y, si por cualquier tropiezo, baja un poco la nariz, será el aroma de la mierda absurda y, a la vez, divina, excremento particular; en fin: caca patafísica.

Que San Sísifo, su santo patrón, los Santos Trolls, San Heno —protector del pesebre—, San Esfínter, Santa Diarrea, San Cucufato, Santa Gallinácea y todos los Santos Instintestinos, todos ellos beatos patafísicos, le procuren y le mantengan la misma salud mental al Sisifante getafense. No deseamos, ni asignamos, mal a nadie. Pero que San Nabo y Santa peluca, así como Palotín y Ubú el cornudo, lo acojan en su seno de falsarios. Y que deje de preocuparse por nuestra salud porque tarde o temprano, él también tendrá que ocuparse de la suya. Y de su trabajo.

Nosotros también acabaremos con una pregunta. ¿Volverá Sísifo a preocuparse por nuestra [importante] salud? ¿Seremos capaces, en un ataque ulceroso, de publicar la tontografía real y el curridículo [no insista lector, no está más escrito, quiero decir tontografía y curridículo] de Sísifo? Tiempo al tiempo. 2017 dirá.

[*] Lorenzo Roldán Pérez, un nuevo troll con pinta de jubilado liberal, nació en facebook el 21 de septiembre de 2016. El 4 de octubre publicó su primera entrada que servía para darle difusión al primer artículo de su ‘alma gemela’ Sísifo publicado en Getafe Capital el día 27 de septiembre. Según su pobre aunque fantástica biografía nació, como cualquier Silvestre, el 31 de diciembre de 1966; cuatro días después del santo patafísico de su ‘alter ego’. Así pues con 50 años recién cumplidos, ni siquiera ha celebrado su medio siglo. ¿Quién se acuerda de las mentiras?  En la foto del perfil aparece mirando el portátil,  quizás pensando en la misma residencia a la que quieren mandar a Jesús Prieto y a Pedro Castro. Las manos apuntan casi a los 80. La foto, claro está, es más falsa que un euro de madera. Su propio nombre, un simple número cuyos ocho primeros dígitos apuntan a las páginas de venta de fotografías publicitarias.  Es penoso, señor ‘Roldán’. Además, corrija las tildes del perfil de facebook. Queda mal. Roldán Pérez. Parece que ni siquiera está habituado a escribir su nombre.

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FOTOGRAFÍA SUPERIOR: ‘Sísifo’, del pintor cubano Ernesto Blanco