Volvemos a escribir sobre estatuas en el barrio de El Bercial; y ya van tres articulitos.  Nos da igual si el hecho ha sido publicado por algún foro, blog o periódico. En realidad nos importa un pimiento. No nos interesan las exclusivas en este pequeño recodo digital
La Junta de Gobierno Local aprobó el pasado mes de agosto, faltaría más, para que se enteraran los menos posibles, el proyecto para erigir un monumento en bronce a Rumiñahui. La propuesta es obra dela Concejala de Educación,….. e Inmigración, aunque parece que por allí media la mano del alcalde. La propuesta se basa en una “nota informativa” del Centro Unesco de Getafe y tiene como protagonista artístico al pintor y escultor ecuatoriano Oswaldo Guayasamin.
Está previsto que se firme, según el acta de la citada Junta de Gobierno Local, un convenio entre los promotores de la idea, el alcalde Pedro Castro y el mencionado Centro Unesco de Getafe al que ha llegado la idea a través del ex concejal de AP en el Ayuntamiento de Getafe y, actualmente, marchante de arte latino y colaborador del gobierno cubano, Gabriel Navarrete (qué serpenteantes vueltas da la vida); y, claro está, falta el más importante, y del que no se dice nada en la Junta, el que pone el dinero que suponemos será la Junta de Compensación de El Bercial.
El Ayuntamiento espera que el monumento, que irá ubicado como no podía ser de otra manera en la Avenida de la República del Ecuador, se pueda inaugurar en el segundo semestre de 2010. Tras el chasco y la poca aceptación de la horripilante propuesta de las hormigas trabajadoras, se intenta colar sin ruido ni publicidad, alevosía y agosticidad, otro “bonito” monumento.
¿Pero quién es el tal Rumiñahui? Es fácil (Google; teclear: Rumiñahui). Se trata, según quién lo califique, de un “general” o caudillo inca (hermano de Atahualpa) que luchó contra los españoles durante la conquista de Ecuador o de un cacique cruel y obstinado que llegó a quemar los poblados propios de su raza, incluso Quito, si no se unían a la “resistencia”. En realidad, y a falta de algún tipo de relación con nuestra memoria histórica, aunque sí con la de los indios, tampoco nos parece una idea acertada; casi peor que la de las hormigas. No parece lo más conveniente que para celebrar la convivencia con los “hermanos” ecuatorianos tengamos que homenajear a ese personaje histórico que representa la guerra contra el “odioso español”. Es que estamos majaras perdidos; o están.
No digan los vecinos del barrio que no conocían la propuesta. Es realmente sencillo seguir la estela del gobierno municipal a través de su web.
Conste, a pesar de todo, que no pretendemos ignorar ni menoscabar calidad de la obra de Oswaldo Guayasamin, pintor universal nacido en Quito en 1919. Lo penoso de esta historia es que el escultor falleció hace ya diez años (1999). En realidad el monumento será una réplica fundida en bronce, una copia digital, de su obra “Resistencia” instalada en su ciudad natal y en la que Rumiñahui  se levanta con los puños en alto entre dos esbeltas pirámides de las que cuelga «El Sol», otra obra de Guayasamín. Ahí,  sin sol ni a lo peor pirámide alguna, nos vamos a gastar esos quinientos mil euros que la Junta de El Bercial tiene comprometidos con el Ayuntamiento. 500.000 euros para homenajear a Rumiñahui, también conocido por su traducción del quechua, como Cara de Piedra.
Bonito dispendio. A nosostros no nos gusta. Es acertado que la ciudad cuente con obras de artistas de los paises que más han contribuido con la nueva colonización o retro descubrimiento del país de “los barbudos” que combatió con saña el cacique inca. O la patria es una madre o una puta. El próximo día 12 de octubre se conmemora en muchos lugares de América el día de la raza (vaya nombre desafortunado) o el día de la hispanidad, etc..; otros, en cambio, rememoran, en linea con el  indigenismo o el nuevo socialismo que preconizan los nuevos «caupolicanes» suramericanos,  Chaves, Evo y Correa, la conquista y masacre de las poblaciones indias.

Dejemos la memoria histórica de la guerra, y sus guereros, para otros lugares y momentos. No seamos caciques de un tiempo ya pasado. Es el momento de replantear ese encuentro de dos mundos. Ayer allí y hoy aquí.  Además de no decidir, ni pintar un carajo, lo caro que nos sale.