No es la página de humor del periódico local Crónica de Getafe. Es la etiqueta del frasco que se nos quiere seguir vendiendo, un cuarto de siglo después, como la fragancia de la eterna juventud, fuente de ilusión, cántaro inmaculado que se derrama inagotable de ideas. Nuevos tiempos, nuevos proyectos. Precaución; si se mira en serio y fijamente, puede producir ataques de risa. Necesidad de perdurar en el cargo. A toda costa. Sus motivos tendrá.

Nuevo, nuevo,.. no hay nada bajo Castro, salvo ese maquillaje de prostituta barata, cosmética urbana desquiciada y urgente, que se extiende por la ciudad como una marabunta de «titanlux». Getafe, la gran ciudad de los colorines, sigue sin proyecto. Sin guía.

Los proyectos del candidato (urbanísticos casi todos), ya se conocen. El jefe del clan de los «sinéticos» sigue subiendo a diario hasta la segunda planta del Ayuntamiento a despachar con el Alcalde, o hasta la tercera para impartir sus designios al vigente edil de urbanismo. Con el descaro y la prepotencia de los que se han enriquecido rápida y fulgurantemente gracias al Plan General que él mismo aprobó con su amigo, el ahora candidato. Que osadía. Los funcionarios menos serviles alucinan sin necesidad de ingerir sustancias estupefacientes.

Tras la presentación se ha regalado a los presentes, además del vino y el canapé de rigor, un pequeño recipiente de cristal con la esencia del candidato. Extracto de alcalde eterno. Parece una materia incolora, inodora e insípida, pero en realidad el corcho destapa efluvios de humedad encerrada, olores rancios y putrefactos.
Detrás del bote aparece, como no podía ser de otra manera, la fecha de fabricación y su caducidad. Embotellado en Getafe en 1983. Consumir antes de 2007. Así huele. Habrá que empezar a escribir su biografía no oficial; por supuesto.