Las redes sociales se han burlado, y sorprendido, del ego tan chiquitito de Sara Hernández a cuenta del monolito que ha colocado en la Avenida de El Casar; encima con una falta de ortografía [no es del, es de El].

Roberto Benítez [Impulsa Getafe] ha valorado el bloque de piedra erigido a la memoria de la alcaldesa asegurando que «los complejos se tratan de disimular tejiendo una realidad en la que quedan ocultos tras rimbombantes loas a tu nombre»; y de la incapacidad intelectual, diríamos. Como en cualquier dictadura, incluso la franquista.

¿Pondrá una placa por cada obra de los ‘presupuestos participativos y año? El caso es que la ‘faraónica obra ha consistido en el arreglo de unos adoquines proyectado en el 2016 y ejecutado en el 2018 de… una acera. Señores y señoras. Es un mérito digno de recordar, aunque a cambio del monolito y del tiempo transcurrido podían haber instalado papeleras.

No es una película de Berlanga, como se teme Esperanza Fernández. Sin embargo, la contestación más simpática ha corrido a cargo del exalcalde socialista, y mentor político de la susodicha, Pedro Castro: «Si por arreglar una acera se pone un monolito, por una Universidad (UC3M) o un Hospital (de Getafe) —como logros suyos— se haría un Tag Mahal para ella sola»… JAJAJAJA. Sin más comentarios. Para las obritas de los siguientes ‘presupuestos participativos’ podría pensar la alcaldesa de Getafe en un obelisco egipcio o en una columna romana conmemorativa de sus hazañas como la erigida por Trajano en Roma.

Luce su personalidad esplendorosa como la piedra gris al sol del mediodía. Y no le da ni vergüenza.