«[…] Pero la obra del Caudillo no termina ese 20 de noviembre; la obra del Caudillo sigue, porque una de sus mayores preocupaciones para el futuro del pueblo español fue siempre buscarle continuidad al desarrollo emprendido aquel 18 de julio.

No podemos olvidar que el 23 de julio su Alteza Real el Príncipe de España, Don Juan Carlos de Borbón, juraba ante las Cortes Españolas lealtad al Jefe del Estado y fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y a las demás leyes fundamentales del Reino.

La fecha fue histórica, trascendente para nuestro futuro comunitario, porque en ella se encierra el sentido de la continuidad del régimen y la seguridad de que la obra de transformación a que aludía unos renglones antes se proyecta hacia el futuro con idéntica plenitud y con idéntica capacidad para elevar a nuestro pueblo hacia niveles de justicia, de dignidad y de libertad.

Al decir Monarquía del Movimiento Nacional me refiero a un término políticamente muy preciso. Quiero significar con él tres cosas fundamentales: en primer lugar, que la instauración monárquica llevada a cabo por Franco recibe su legitimidad histórica, su razón de ser del 18 de julio de 1936. Ya lo dijo el Caudillo: en modo alguno se trata de una restauración de sistemas, sino de una instauración, de forma política de nueva planta, caracterizada por sus mecanismos de estabilidad interna y, por tanto, la más capaz de prolongar en el tiempo y el los frutos el ciclo de paz creadora que España vive y al que debe sustancialmente su proceso de recuperación y presencia histórica.

En segundo lugar, la Monarquía del Movimiento Nacional se caracteriza por la participación que en ella tiene la sociedad española, y en tercer lugar porque cuando hablamos de Monarquía del Movimiento aludimos a una realidad íntimamente ligada con los planteamientos esenciales de nuestro sistema. Por tanto, de una realidad política querida, buscada desde los orígenes del nuevo Estado y asistida en dos referéndums por el favor expreso del pueblo, en actos de corroboración a las lineas maestras de la política de Franco.

[…] Lo que es evidente es que nosotros, los herederos de esa magistral función de gobierno tenemos en nuestras manos la posibilidad de continuar todo el proceso de desarrollo, de paz y de bienestar si entendemos que en la unidad entre las tierras y los hombres de España está la llave de la puerta que nos dejó abierta nuestro Generalísimo y Caudillo de españoles».

[Ángel Arroyo Soberón. Alcalde de Getafe (1974-1979). Getafe, Boletín de Información Municipal. Núm. 11. Noviembre de 1975.]


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NOTA.- El texto  no necesita demasiadas aclaraciones. El alcalde de Getafe habla de la ‘magistral función de gobierno’  en la que ‘Generalísimo’ impuso una instauración y  vendió la burra a los españoles, antes y después de muerto.  El ‘Caudillo’ eligió al príncipe de España que le salió de las criadillas. El flamante ‘Príncipe de España’ era hijo de Don Juan de Borbón, tercero en la linea de sucesión del ‘depuesto’ Alfonso XIII.  El  ‘Principe de Asturias’, hemofílico como muchos de los Borbones en esa época, renunció a sus derechos por casarse con una plebeya. ¡Menudos tiempos!. El segundo en la linea sucesoria, Jaime, era sordo mudo y le obligaron a renunciar estando ya en el destierro. En resumen, que Franco hizo lo que quiso, y al pueblo solo le queda aceptar al pulpo como animal de compañía que empieza por p.  La monarquía del Movimiento Nacional se consolida. No piense el lector que se trata de una proclama republicana, pero ¿no debería, Felipe VI, ratificar con un nuevo referéndum la voluntad de los españoles? No digamos que se presenten a la elección y compitan  todos los Borbones con pretensiones dinásticas, incluso las hijas o  los [presuntos] hijos bastardos de Juan Carlos I. Tengamos —si queremos— un rey, un nuevo monarca no elegido, pero sí ratificado. Al fin y al cabo,  el suyo es un privilegio de sangre, una herencia que nos viene impuesta a todos los españoles que no votamos en aquellos refrendos.