Cuando el alcalde de Getafe miró al corresponsal de la agencia EFE ya sabía que su propuesta sería de nuevo un éxito. El periodista tuvo la misma sensación que los años anteriores. Iban a triunfar.

Sabe más el diablo por viejo que por diablo; y sabe el viejo alcalde que, por esas fecha de agosto, andan los periódicos y los periodistas sin noticias; y sabe su Excelencia dar la nota con sus simpáticas o faraónicas «ideas». Si repasamos las hemerotecas podremos comprobar que Getafe y su alcalde aparecen casi todos los agostos en las portadas de los medios con alguna de sus estrambóticas propuestas.

Rápidamente en los foros y en los blogs le diagnosticaron la enfermedad; se le ha ido la olla, se le han soltado los cables, está como una chota, ha perdido el sentido del ridículo, … etcétera. Los síntomas son claros. ¿El motivo? El calor del sur de Madrid, una seta el mal estado, una pésima digestión, un canuto, una trompa de ron, demasiado tiempo para pensar… demasiado tiempo de concejal y alcalde…

Mientras tanto, él se ríe. Ha conseguido su objetivo. Periodistas y políticos se cebaron con la idea; ya la debaten, ya la analizan o la descalifican, buscando razones donde no las hay, viendo posibilidades de descentralización, analizando inconvenientes jurídicos o imponiendo condiciones (¡que editen a Silverio Lanza!).

Pedro Castro gasta desde que nosotros tenemos conocimiento de causa política, hace ya algunos lustros, unos cuadernillos, de espiral de alambre y hojas cuadriculadas, para que no se tuerzan los renglones y en los que va recolectando, de aquí y de allí, ideas, quejas o sugerencias; auténtico cuaderno de bitácora e inagotable fuente de «originales» proyectos, blog secreto que guarda con avaricia para su consulta en soledad. ¿Habrá coleccionado los cuadernillos que ha ido rellenado durante estos años?

Se trata de una bomba, en el sentido figurado de la palabra, una idea hueca pero explosiva, lanzada con alevosía, por sorpresa, sin conocimiento de sus incautos socios de gobierno, que no se enteran, ni siquiera el de sus propias huestes, curadas de espanto, y a las que no es necesario advertir; propuesta que, vista más allá del Manzanares o del Arroyo Culebro, nos dejaba al resto de vecinos de Getafe, fiel reflejo de su primer edil, como unos auténticos tontos. Todos los pueblos tienen el gobierno que se merecen. Y punto.

Qué creería este Castro, nuestro alcalde, que pensarían los vecinos de Móstoles, Alcorcón, Aranjuez, Alcalá de Henares o Alcobendas de su propuesta unilateral. Casi de todo, y nada bueno. El alcalde en funciones de Leganés, Raúl Calle, guía y «comandante rojo» en esos momentos veraniegos de pepineros altivos, eternos contrincantes de hambrones y de ladrones, lanzó la navaja rauda y asestó el golpe hasta la empuñadura, golpe certero, afilado como un insulto, ejemplo de mofa, chufla y escarnio dejando a su Excelencia más cerca de Plutón que de la Capital de Madrid, en una clara referencia al planeta enano y a la exigua estatura del mandatario getafense.

Getafe ha sido, desde que gobierna este matusalén político, Centro y Corazón de España, Ciudad Universitaria, Ciudad de la Cultura y la Industria, Cuna de la Aviación Española, Capital del sur, … Ahora, a la vejez viruelas, se le queda pequeño el horizonte de la zona sur madrileña, y pretende ampliar su punto de mira y definir el pueblo como la capital de algo más. De Madrid o de Europa. Y no lo sabe ni Simancas. Ni falta que le hace al simple de rafaelillo.

En su reciente viaje a Ecuador, Castro es un gran aficionado a viajar al cono sur americano, con motivo de la institución del premio «Ciudadano del Mundo» que se entregará en Quito el día 8 de septiembre del próximo año, se plantó en la faldas del Pichincha, y ante el primer edil de la ciudad ecuatoriana, Paco Moncayo, dos o tres alcaldes americanos más y algunos embajadores acreditados, les soltó el rollo del milagro de Getafe.

Con su aire de conquistador jubilado, los bolsillos llenos de ardites y quincalla ideológica, aduló a la anfitriona, primera ciudad, junto a Cracovia, que la Unesco declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad, para luego advertir al mundo entero del riesgo de acumular pobres en los centros urbanos y, finalmente, extenderles ante sus ojos desorbitads, como transportados sobre una alfombra mágica, la maravillosa transformación de Getafe.

Castro aseguró allí mismo que «su ciudad», nuestra ciudad, «hasta hace 25 años fue una urbe dormitorio, y que con el papel del gobierno local, hoy es la tercera ciudad de Europa que concentra el desarrollo de nuevas tecnologías». Por presumir que no quede. El alcalde de Getafe, único representante en el acto de la Unión Europea, acudió al país andino como secretario de CGLU (Ciudades y Gobiernos Locales Unidos) .

Getafe no sólo es alternativa a Madrid como capital de la región, sino seria candidata a restar influencia a las principales ciudades europeas; ¡tiembla Bruselas! Y Glasgow, Manchester, Birmingham, Lille, París, Copenhague, Dortmund, Munich, Francfort, Malmö, Estocolmo, Turín, Barcelona, … y así ciento ochenta y cinco más, por lo menos. ¡Temblad todas! Que llega Getafe, una ciudad nueva con un alcalde viejo y un club de fútbol en primera división. ¡Cuánto mérito… Ángel Torres!

La realidad vista desde este lado del charco es otra; nuestro alcalde lleva veintitrés años haciendo de Getafe una ciudad fea, con obras sobre obras, pero cada vez más fea, deshilachada, sin patrimonio cultural, sin historia, sin apenas edificios representativos, con nuevos barrios de arquitectura pro soviética en saldo, diseñados sin personalidad y pensando sobre todo en los beneficios urbanísticos; una ciudad atrofiada socialmente, con el movimiento participativo truncado, sesgada la visión de ciudad, tergiversado y partidista un necesario plan de márquetin urbano, rotos los engranajes culturales,… y escenario idílico de la especulación «sin ética» de los que han sido vanguardia del gobierno local y ahora ex concejales enriquecidos. Enriquecidos ellos, con las decisiones del gobierno local. Ahí sí tenemos mérito como ciudad. Y mucho.

Hemos conseguido una ciudad con un equipo de fútbol en primera división, de momento; una universidad compartida con Leganés y Colmenarejo; un hospital que da servicio además a Parla, Pinto y Griñón; una ciudad que, además del Nassica, Alcampo y Carrefour, figurará en el listado de centros del Corté Inglés; una ciudad con una base aérea en la que un chalado nos mortifica con el estruendo y nos acojona con las maniobras del avioncito que prueba sobre los tejados de nuestras casas.

Getafe es la ciudad de Madrid donde más se ha encarecido la vivienda en la última década, un municipio con polígonos industriales obsoletos, una ciudad con «ecotasa» y las calles sucias; una ciudad donde plantan pensamientos y primaveras justo antes del invierno en las principales avenidas, mientras olvidan los jardines de siempre llenos de excrementos caninos y la calles sin mediana; una ciudad que sustituye el césped de las rotondas por plástico verde, qué horror, olvidando la lavanda y el romero, el tomillo y la santolina, …; una ciudad sin espacios libres, con estatuas compradas al peso, receta de cosmética urbana urgente, más parecidos a artículos de decoración adquiridos en un vivero de jardinería que a objetos de arte, esparcidas entre una maraña de hierros colorados en una ciudad sucia, inhóspita y destartalada; una ciudad, así de claro, sin concejal de cultura; una ciudad con un alcalde sin proyecto de ciudad.

Veintitrés años son muchos para una ciudad sin proyecto. Y más años, más prepotencia, más nepotismo, más autobombo, más cosmética. Podrá quejarse de otras cosas, pero lo que no le ha faltado es tiempo; ni dinero. Dice Mariano García, escritor excepcional sin éxito aún, que una ciudad no puede ser capital de nada si no tiene estatuas en sus tejados. ¿Sería suficiente con eso? No pretendemos sugirir nada. ¡No vaya, por dios, señor alcalde a apuntar la idea en su cuaderno y colocarnos esos adefesios de bronce en lo alto de los tejados! La cosa no tiene remedio. Eso se debe hacer, como el museo de escultura en la calle de Leganés, con tiempo y con un concejal de cultura que sepa, por lo menos, leer.

Capital del Sur

El alcalde agüevado. La foto no nos pertenece; no ha sido tratada ni retocada; «esta publicada» en una página de internet con referencia a los incidentes del desalojo de la casa del Lago. Parece que la huevada fue dura. Muchos vecinos del municipio están descontentos de sus actitudes prepotentes y chulescas. Siembra vientos y recogerás …