Es difícil creer que alguien a estas alturas de la historia piense con sinceridad que la guerra es la solución a nada. Pero hay quien lo defiende; no por que lo crea justo, sino por que lo considera necesario, por que se lo han hecho creer o, finalmente, por que vive de ello…

Nada justifica la injusticia, nada justifica la muerte, y menos aún la de inocentes: niños, mujeres y hombres…; nada puede resultar más intolerable que se altere la ley natural y sean los abuelos los que entierren a los hijos de sus hijos; nada tan sucio como la justificación del horror, la miseria, el dolor…

Y si alguien, de entre esos personajillos que dominan la mayoría de los gobiernos del mundo, impulsa la mentira de los medios de opinión controlados, se apresta a tocar tambores de guerra en nuestro nombre y se arroga el poder divino de decidir sobre la vida y la muerte, sobre lo justo e injusto, sobre la verdad de las ideas, sobre el futuro del hombre, … sepan todos claramente que esos farsantes actúan en el nombre de los que fabrican las bombas o los que venden petróleo. No en nuestro nombre.

Y, el día menos pensado, algunos empezaremos a ver sangre derramada de inocentes cuando llenemos el depósito de nuestro coche. Esa sí es una cuenta atrás.

 


 

Nada tan deleznable y espantoso como ese «vaquero”, regente del viejo imperio. Bush (y siempre hay un bush por ahí) nos llevará irremediablemente a la guerra.

Los americanos (de los Estados Unidos) necesitan periódicamente esa “catarsis colectiva” que es la guerra contra el “malo” (que además es tonto y feo) mientras sus senadores se ríen, gastan hermosas corbatas, o pasean con mujeres de miles de dólares en lujosos coches blindados que les regalan los grandes empresarios, los que ignoran el deterioro ecológico del planeta, los que ignoran el valor de una vida. Cómo oponer los ideales pacifistas a los beneficios millonarios que engordan aún más sus astronómicas cuentas corrientes, a sus brillantes edificios o a los aviones privados que los transportan con impunidad alrededor del mundo; de un mundo que ellos creen de su propiedad.

Pero lo peor de estas desvergonzadas «cruzadas», es que haya un tonto (que siempre lo hay) que nos meta en el lío sin contar con nuestra opinión. Hoy se llama Aznar; ayer era Felipe González el que apoyaba al amigo americano. Y no deberíamos avergonzarnos. Deberían ser ellos, los que se sonrojasen de asentir y alinearse sin razón, sin ningún criterio propio, sólo por presuntos y equivocados motivos ideológicos o económicos. Se acostumbra a decir (Gaspar Melchor de Jovellanos) que “los pueblos tienen el gobierno que se merecen”; todos los pueblos, los americanos, los españoles … y hasta los iraquíes.

Que nadie justifique la barbarie y la guerra con el objetivo de librar al pueblo iraquí de esa detestable dictadura. Imaginen lo que pensará el ciudadano de allí, cualquiera que sea, cuando comprenda que, para suprimir al dictador que les oprime, los gobiernos del “mundo civilizado” han acabado con su casa, con parte de su familia (su hijo, su madre, …), con la mayoría de sus amigos, con casi todos sus vecinos…. Pero eso sí, por fín, podrá disfrutar de la “verdadera democracia”; los americanos levantarán el embargo y, al fin, los que han quedado vivos podrán comer, los heridos tener medicinas y los inválidos y mutilados, muletas. Para pagar la factura, los americanos extraerán, transportarán y venderán el petróleo. Con los dólares provenientes de ese negocio, reconstruirán el país, pagarán la factura que deberán y, para que no les vuelva a ocurrir, les enseñarán que la fiesta de los corderos se celebrará desde ese momento el cuatro de julio y que la carne de pavo es mejor que la de cordero, coño…

Incluso puede que, para ello, manden a un nuevo mandatario que les enseñe a gobernar su país…