En los partidos marxistas se tenía como sofisma suficientemente contrastado: si «quieres que algo no funcione, nombra una comisión». Y, eso, efectivamente es lo que ha sucedido. La «comisión de investigación» creada por el Ayuntamiento de Getafe ha sido una cortina de humo basada en el «4 valen más que 3» para alejar las acusaciones de información privilegiada y enriquecimiento basado en el urbanismo de Getafe de algunos ex concejales socialistas.

El que IU y PSOE concluyan que las personas que han estado al frente de responsabilidades municipales, que han votado el Plan General y que, a costa de ese instrumento, se han enriquecido, son «personas honorables que han dado su vida por este municipio» constituye simplemente una tarjeta de visita sin fundamento, sin respaldo; una etiqueta vacía de ideología. Como el que se lava las manos sólo con agua y, aún después, le huelen a sucio. Pero no queremos abundar en esa estrategia del «punto final» a determinados desmanes y escándalos. Lo que tenga que ser, será.

Dado que las prácticas denunciadas por la prensa no pueden ejercitarse sin el respaldo de la institución política y de los Servicios Técnicos municipales, habría que entrar a diseccionar y subir hasta el mismo «corazón del mostruo». De la abundante verborrea del máximo mandatario hasta las decisiones de la comisión de Gobierno, pasando por el mantel donde come el concejal de Urbanismo (éste nuevo o el que acaba de irse, qué más da; son comparsas, meras fachadas de un conjunto organizado), se desprende la engañosa política que preconizan estos socialistas de Getafe. Sobre todo, en lo relativo a la vivienda protegida.

No se nos podrá criticar por cuestionar determinadas prácticas que nos parecen inmorales; algunas pueden ser legales, pero no correctas. La ciudad es de todos (no existe la figura del director de colegio que nos pueda expulsar; hacerse mayores también tiene cosas buenas). Y por tanto, es cuestionble una o todas las decisiones, ya sean de carácter urbanístico, social o cultural. No parece legitimizado democráticamente un Plan General de Ordenación Urbana (1995) diseñado por un delegado de Urbanismo que ha funcionado a golpe de «modificaciones puntuales» y, curiosamente, en casi todas las modificaciones aparece la mano de los mismos ex concejales. Desde ahí que disentir en la necesidad, racionalidad o motivación de algunas actuaciones (como suprimir la trama industrial encajada en el casco y que convive pacíficamente con el entorno).

Mientras los jóvenes de Getafe no pueden acceder a una vivienda protegida, las decisiones tomadas en las modificaciones puntuales y la revisión del Plan General de Ordenación Urbana pendiente de publicar, van en una dirección: beneficiar a las empresas que controlan determinados desarrollos ( y en esos, «el que parte el bacalao» es Neira) en los que se venden viviendas a 60 o 70 millones.

Hay que hacer mención de los Servicios Técnicos Municipales, pues sin su criterio y discrecionalidad, el urbanismo de Getafe no estaría como está. Bien es sabido que el jefe de los mismos vino a Getafe de la mano de Neira cuando éste era delegado.

De la discrecionalidad legítima a la arbitrariedad prohibida y el tráfico de información, hay un pequeño espacio siempre abierto a la discusión y el debate.

Artículo publicado en la revista Observador
Getafe (Madrid), noviembre de 2003