Ctra. Moraira a Calpe, km 1,3 (Moraira)
Tel.: 965743090 – 670019499.
http:/www.elchamizomoraira.com

CALIFICACION: 9/20 [*]

Con unas vistas privilegiadas a la bahía de Moraira y a la pequeña cala sobre la que se asienta, El Chamizo ofrece una carta basada en arroces , carnes y pescados, sin excesivas pretensiones. El restaurante mantiene un cierto prestigio y es cita ineludible para los amantes de bellos rincones e ignotas atalayas gastronómicas. El Chamizo está especializado en paellas y en una poderosa barbacoa que funciona sólo para las cenas.

 Hemos decidido el restaurante por el encanto de su ubicación; parece perfecto para una cena con los amigos, amantes, como son los cubanos, de la carne: una barbacoa junto a la orilla del mar. ¡Menuda noche, aquella del 2009! La carreterita que une Calpe con Moraira, sinuosa y adaptada –como es lógico- a la abrupta costa, se antoja sin fin; las dichosas curvas consiguieron que el niño, la suegra y nuestros amigos del asiento trasero, llegasen a la mesa más mareados que las almejas con salsa de champán que nos sugiere la carta como entrante. Nada más llegar sabemos que no será la velada proyectada y que no la recordaremos, a nuestro pesar, por el encanto y la magia; tenemos la mala suerte de que la mesa que reservamos por teléfono (parece imprescindible) sea la del fondo, entre el cañizo que tapa la brisa marina que nos debería corresponder, la mesa situada al borde del pequeño acantilado y el fulgor de las brasas de la barbacoa. El resultado es normalito, tirando a regular. Sólo es una parrilla (el instrumento) discreta, sin brillantez a pesar del resplandor. Además de unos buenos leños o sarmientos, el resultado depende de la prima que poner encima de los tizones al rojo: chicha de la buena. No es que esté mal, pero no nos sorprende.

A pesar de todo, el lugar promete. En aquel momento pensamos que habría que volver, antes de dar por zanjada nuestra opinión, a probar [no sabemos si con suerte] otra vez.

Una excursión al cabo de la Nao (julio 2010) nos ha dado la excusa para reservar mesa al mediodía. Una mesita junto al borde para tener el fresquito que nos faltó la vez anterior. Sí, en el mismo borde, pero otra vez junto al cañizo, bajo una sombrilla insuficiente, escasa. Hace mucho calor. El aire llega, sólo de vez en cuando, en pequeñas bocanadas; la barbacoa no funciona; salvo opinión de los ingleses y franceses que nunca se cansan del sol y del calor, el lugar no es cómodo para comer, al menos hoy. Hemos pedido, para empezar, unas sardinas. De plato fuerte un filete de atún y una lubina. Ni uno ni otro cumplen las expectativas, allí tan cerca del mar. Lo mejor han sido las humildes sardinas.

El servicio, es algo peor que regular. Objetivo no conseguido. En este restarurante parece que no hay cubiertos de pescado, o no los utilizan. Dice el camarero, de nacionalidad boliviana, con una cierta gracia latina que la mayoría de los empleados son “búlgaros, por lo menos», englobando así a todos los emigrantes de los países del este, y que apenas entienden… aunque afirmen y confirmen subiendo y bajando la cabeza.

Sin temor a errar, lo mejor del sitio es, precisamente eso, su ubicación privilegiada con vistas a la bahía de Moraira. Asegura un recorte de un periódico amarillento colgado en la pared que su especialidad, además de la barbacoa, son las paellas. Algún día volveremos para probarlas. A lo mejor, a la tercera va la vencida: una paella preparada por un cocinero búlgaro… oh, la-lá.

[*] La calificación es, por supuesto, totalmente subjetiva; basada en las dos ocasiones en las que hemos podido valorar el sitio, las vistas o decoración, el servicio y la calidad de la oferta gastronómica.