La campaña publicitaria y la búsqueda del voto de cara a las elecciones del próximo mes de mayo discurre con algunos sobresaltos, más de lo que podría anticipar la escasa tensión social y su discurrir flojo, muy diferente a otras convocatorias anteriores. Y eso, a pesar del torbellino de acontecimientos de los últimos cuatro meses, tiempo suficiente para que Pedro Castro, titular actual y, por enésima vez, candidato a la alcaldía del PSOE, consiga dejar atrás en esta carrera que se repite cada cuatro años, como la maratón olímpica, a tres de los candidatos de los principales partidos o coaliciones convocados a los comicios municipales [y sin apenas esfuerzo].
No vamos a hacer recuento de todos los que alguna vez, durante las ocho veces que Castro se ha examinado ante los ciudadanos para el cargo de alcalde, se han enfrentado a él, con ilusión o desidia y resignación, para intentar arrebatarle el bastón de mando. Sería largo y tedioso. Muchos vecinos sólo han conocido a un alcalde. Todo un récord, en sí mismo, difícil de batir en el futuro. El candidato socialista cumplirá, el próximo 3 de abril, treinta y dos años como cargo electo. La vida pasa, y los candidatos de la oposición;  él sigue.

Qué se puede decir de su capacidad política, de su afán, de su incansable actividad, de su constante renovación, de su estallido final de inauguraciones, duplicándose para asistir a actos vecinales, plantaciones de árboles, convenios sociales, culturales, sindicales, deportivos, y de todo tipo, revisando las obras, paseando por las calles, inundando con su presencia, sea día laborable o festivo escenarios inalcanzables para cualquier otro, candidato, acompañante o pretendiente.
¡Quién diría que las dos imágenes de la izquierda son de la misma actriz!; y podría cualquiera, llegado el caso, enamorarse una quimera, de algo que solo existe en la ficción, en el postizo y el maquillaje.
Para cumplir el eslogan que ya luce en su publicidad, resultados visibles, y que  sugiere como en el caso de la Longoria el uso, abuso y manejo del photoshop, el “peeling”, o el gasto excesivo y desproporcionado de cremas rejuvenecedoras y exfoliantes o, rápido como el puntero del ratón, la cirugía digital, el candidato socialista, valga la contradicción con el mismo lema, pero acorde con el mensaje, se ha quitado las gafas y ha plagado algunos barrios con modernas y “sostenibles” farolas para que iluminen, imaginamos, los compromisos transparentes. ¡Cómo luce, “viejomán”!

Hay que anotar que la primera derrotada en este trasiego, aunque sigue en carrera, ha sido su propia compañera, ahijada política y teniente de alcalde, Sara Hernández. Algo que parecía evidente desde que se plantó frente al alcalde y vendió su apoyo al candidato regional Tomás Gómez a cambio de la primera posición en la lista de los socialistas getafenses. No ocurrió ni podía ser que pasara, pensamos. Un error que marcará en el futuro, para bien o para mal, el destino político de su protagonista.
Granito a granito
El declive [político], o más bien caída, del portavoz municipal del Partido Popular era un hecho anunciado por los rumores que se extendían desde los mismos aledaños del poder regional. Ha sido abandonado por la misma fuerza que le encumbró. El castigo que su propio partido ha infligido a González, para unos ha sido desmesurado y cruel; para otros, a cada acción corresponde una reacción, acertado y cabal. La trayectoria de Carlos González Pereira se ha visto marcada, además de por algunos conflictos sociales y políticos como el caso PSG, por la anodina imagen que ofrecía un PP sin ideas, atenazado por algunas incipientes y peligrosas amistades, temores y peligros a los que no ha sabido sobreponerse, ni él ni su partido, o, al menos, reaccionar tímidamente.
                           
Tras acariciar el objetivo de enfrentarse a Pedro Castro, pasará [González] a la historia local como el eterno pretendiente, candidato a candidato, incapaz de encaramarse en poder de su partido a nivel local ni de encauzar los conflictos permanentes en el seno del PP local, en continuo arrebato tras el paréntesis de la “pax romana” que terminó imponiendo José Luis Moreno; tras suceder a este último, sin el necesario consenso o refrendo local, y designado por Esperanza Aguirre como líder del partido, ha sido igualmente defenestrado por orden de la autoridad superior (casi como se hacía en el Renacimiento, tirándolo por la ventana) cuatro meses antes de la convocatoria definitiva de su vida.

Parecía [la sustitución de González] un hecho, un rumor cantado y casi anunciado por la dirección regional del PP. Además, «Carlitos», como le llaman sus falsos amigos y sus enemigos, no tenía ni siquiera ganas de enfrascarse en una verdadera pelea electoral. No fuera que la refriega pudiera salpicar, o incluso escaldar, al aún portavoz de los populares getafenses. En su lugar llegó, a la capital del sur procedente de la capital del reino, designado como no podía ser de otra manera por la presidenta regional, el enésimo candidato conservador a «jubilar» al «rejuvenecido» Pedro Castro: Juan Soler-Espiauba.

El flamante candidato de los populares, Juan Soler-Espiauba, es un perfecto desconocido que, como cuando alguien resulta, a expensas de una herencia o un sorteo, en nuevo rico anda gastando en poco tiempo una fortuna en enormes e inverosímiles fotos adosadas a la trasera de los autobuses urbanos y a las cabinas de teléfonos. Corre, corre, el candidato en una correría sin tiempo apenas para darse a conocer en empresas, echando el bofe por llegar a los últimos rincones de este, su actual destino, citando asociaciones, visitando mercadillos, recorriendo las calles, entrando en los comercios, en los bares, comiendo en los restaurantes, asistiendo al fútbol «con el corazón partío«, sin sentir especial pasión por el fútbol, entre el equipo de su ciudad natal, el Rácing de Santander, y la necesaria, imprescindible y casi obligatoria afiliación al equipo de la ciudad que pretende gobernar. No se trata de recaudar nuevos votos, lo importante es no perder los de los numerosos aficionados que consideran más importante la marcha del equipo que unas elecciones en las que nunca se resuelve nada.

Hay quien piensa que el candidato popular José Luis Moreno perdió las anteriores comicios por la marea azul, casi un tsunami, que produjo la final de la copa del Rey. Las elecciones en Getafe son veintisiete contra veintisiete y siempre [hasta ahora] gana Castro. Puro fútbol.

Anda [el nuevo candidato a alcalde] más despistado que un pavo en un garaje a pesar de las buenas intenciones por acercarse, apenas rozar, en tan poco espacio de tiempo a la sociedad getafense, una actividad entre lo real y lo digital, que se resume en sus entradas en las redes sociales, sobre todo en el escueto twitter. Piensan los modernos estrategas de imagen, incluso los modernos candidatos que esa actividad virtual, plasmada en la red, condicionará el resultado de las votaciones, sin llegar a reflexionar o a concluir que eso solo vale para anunciar lo poco o lo mucho que se anda, y vacilar a los colegas y contestar o transmitir laa mismas tonterías que andan dando vueltas entre los ciento cincuenta y dos  frikis del iPhone.

Su precampaña se está completando con actos en los distintos barrios, «para conocer de primera mano los problemas y las inquietudes de los vecinos, porque quiero que mi proyecto, -asegura el candidato en una de las fotocopias embuzonadas-, esté formado por el granito de arena que cada uno de vosotros pueda aportar». Pues en qué poca cosa valora el candidato popular la aportación de la ciudadanía. En un puñado de arena, ni más ni menos, de cualquier playa cabe todo lo que puede, o podría, aportar el pueblo de Getafe a su programa de gobierno. ¿Cuánto mide un grano de arena? Poca cosa parece.

El autobús, tras dar algunas vueltas por el casco urbano, se dirige de nuevo a Madrid por la A-42. Y ni siquiera se ha dado cuenta. El fotógrafo sí ha captado ese detalle. No hay espacio para la reflexión, para el conocimiento, para la charla tranquila, sin prisas. Apenas hay tiempo.

Sobran los motivos 
El último en caerse de las papeletas, segado por la guadaña política, ha sido el simpático candidato de Izquierda Unida, Javier Viondi. Alguien creyó que era el momento oportuno, aún con la espiga sin granar, de guillotinar su breve trayectoria pública. Nadie se explica el infantil empeño, la estúpida necesidad de engordar el currículo, de parecer lo que no se es, de figurar, fingir o simular lo innecesario, en este caso accesorio y más en una coalición como Izquierda Unida donde prevalecen los «méritos» obreros y la capacidad de lucha y resistencia.

El hecho, es que, tras destaparse el «presunto» escándalo, él mismo se ha apartado, una decisión que según quien mire y opine pensará que es digna y necesaria o, sencillamente, de obligado cumplimiento. ¿Quién estaba interesado en amputar ese miembro, a tan escasa distancia de la fecha que convoca a los ciudadanos a las urnas? No somos los únicos que pensamos que si la denuncia, el chivatazo, hubiera sido exterior, como una agresión al representante de la coalición, no desde el mismo entorno, lo más probable es que ese error se hubiese subsanado, entre unos y otros, con unas simples, aunque sinceras disculpas, un chorro de compromisos obreros, un mea culpa con tres cubalibres y a otra cosa mariposa, ¿o no?  Quizá Viondi se había vuelto incómodo, demasiado autónomo, ligero, independiente,…No proponemos teoría conspirativa alguna, pero los antiguos modos, aún vigentes por ideología y convicción, del centralismo “democrático”, han demostrado a lo largo de los años, que hasta el mismísimo Trotsky desaparecía de las fotos [a instancias de su camarada y enemigo Stalin], consiguiendo como se hace con el moderno photoshop, resultados invisibles.

Aún hoy, mientras la flamante e inesperada candidata reparte su publicidad en la calle Madrid se puede ver en la estación de Cercanías Getafe Central el arrinconado cartel de la coalición con la foto del pretendiente Viondi junto a una flecha que indica la salida. ¿Sobran motivos?

Quedarse sin candidato, o sustituirlo por una candidata casi desconocida, a punto de cumplirse la hora del último plazo, del tiempo sin retorno, no preocupa en Izquierda Unida, donde las personas no son importante, lo fundamental es el grupo, en este caso, tan reducido casi como una familia, acotado por el mismo hecho de la ideología. Aquí, sobre todo aquí, nadie va por libre. Lo esencial, e irreemplazable, es el papel y la autoridad del líder, guía político y, a su vez, «pater familias». El derecho romano concedía a este último la potestad de manumisión y de emancipación; nada que no salga de su patria potestad . Si el esclavo, en el caso que nos ocupa niño grande, se pasa con las piruletas, se castiga severamente y así aprenden todos, los que son y los que quieren ser.

El deplorable hecho de mentir [en un currículo que hasta los más antiguos camaradas tenían por cierto], cosa por otra parte habitual en todos los políticos, y lo repentino de la jugada ha situado, de manera repentina, como solución ya prevista para el transcurso de la próxima legislatura, delante del fotógrafo a María Luisa Gollerizo. Algún excamarada aseguraba que la imagen de la nueva cabeza de lista, impresa en cuartillas y que algunos miembros de IU repartían el viernes por la mañana en en la calle Madrid, es “algo oscura, más cerca de la estética de la Familia Adams que de una candidata a alcaldesa”.
 

La imagen, aunque contenga pequeñas mentiras pintadas a base de photoshop y maquillaje, es imprescindible para transmitir las propuestas. La coalición, como es lógico por la premura de la mudanza, no ha tenido tiempo para sustituir su imagen de número dos, aunque nosotros, por puro divertimento, hemos hecho un pequeño esbozo, en el que se elimina maquillaje y negro de la sombra de ojos, para aclarar la mirada, retirando también el negro empastado de las gafas, incluso se dulcifican las arrugas. Una foto electoral es una foto publicitaria.
Un camión muy antiguo
Vientos del Pueblo es otra de las alternativas que se presentan ante la ciudadanía  para intentar cambiar la distribución política del consistorio. En la anterior convocatoria, a la que concurrieron por primera vez, quedó muy cerca de conseguir la ansiada representación municipal con algo más del cuatro por ciento de los votos. La incógnita que se plantea este año es si la candidatura vecinal será capaz de revalidar, o superar, esos resultados sin el efecto rebote que se produjo con el caso  PSG y los distintos sarpullidos de “ciudadanos cabreados”. 
Parece que la situación social juega en contra; a su favor, el trabajo de base y la reivindicación permanente, sin paréntesis.  Eso sí, el camión que aparece en la fotografía, con su publicidad es una muestra, a pesar de su presunta modernidad con rótulos estilo grafitero, de publicidad basada en estándares muy antiguos, atrasada y anclada en conceptos excesivamente pasados de moda. No vende eficacia, ni modernidad, ni una mejor gestión del transporte público ni de la limpieza. A pesar de las buenas intenciones, hay que saber venderlas. Los ciudadanos no van a concluir que es un vehículo limpio, sostenible, con el que podemos tener una ciudad  menos contaminada. Su imagen contradice, en sí mima, la lucha contra la radiación electromagnética, la contaminación, la chapuzas, etc.. que desarrolla desde hace tiempo la candidatura vecinal.
Los de María Rosa
Los últimos en llegar, y que pondrán a prueba al electorado de Getafe, son el partido de Rosa Díez, UPyD, la marea magenta” que reclaman, dicho en términos de separación de colores CMYK, la “marea rosa” en términos populares. El otro día los encontramos por la calle y pudimos comprobar una cosa evidente. A pesar de su entusiasmo y de la pretensión de que “sin saberlo aún, tú también eres de UPyD», lo de marea, intentado emular los masivos movimiento de los hinchas futboleros les viene algo grande aunque quiren plantarse como la “alternativa necesaria”. 
En la imagen, el candidato a la alcaldía por este partido, José Luis Morato Gómez, posa en la foto con José Luis Sánchez, integrante también de la lista de UPyD y uno de su dos únicos acompañantes esa mañana de viernes; no es precisamente, un tsunami, ni una marea, ni siquiera una pequeña marejadilla; casi mar tranquila. Tampoco pensaba nadie que lo suyo fuera a ser un camino de rosas hasta el salón de plenos. No falta por el contrario, al parecer, ni moral ni ilusión. Sin embargo en sus petos, hubiera sido mejor ponerse, lo que son,  los de «María Rosa”.