En el «puente» del Pilar del año 2007, la gota fría  inundó barrancos y ríos secos para destrozar con un aluvión de agua,  broza, barro y leña una parte de Calpe, en Alicante. La «zona cero» de la catástrofe se situó a lo largo de la calle La Niña, cauce natural del río,  y en otras vías adyacentes  como La Pinta, La Santa María, Dr. Fleming, Avenida Europa o la Avenida de los Ejércitos Españoles. 

Las imágenes que se captaron ese día [13/10/2007] fueron suficientemente expresivas:  semáforos y farolas dobladas, o inclinados, palmeras arrancadas, coches flotando… En algunos lugares el agua alcanzó más de un metro de altura, destrozando las barreras que encontró en su avalancha hasta el mar, inundando por completo garajes y trasteros. Cuando el agua de las montañas llegó al mar, dejando atrás la primera línea de playa y arrasando el paseo marítimo, descubrió una parte de la ciudad, calles, sótanos, pisos y locales comerciales, totalmente anegada de fango. Tras el desastre, las administraciones implicadas arreglaron los destrozos, ampliaron el cauce del río hasta la desembocadura, doblando casi su capacidad a su paso por la calle La Niña y dejando esa parte del nuevo colector bajo el forjado y el alquitrán de la calzada ejecutada.

Las  fotografías de la calle La Niña que ilustran esta entrada no son de aquellos infaustos días. Están tomadas el día 24 de abril de este año; hace solo tres años de las obras que remodelaron esta vía que va a desembocar a la Plaza de Colón, al Paseo Marítimo, a la Playa del Arenal-Bol y a la medular calle de Gabriel Miró.
El  autor de la pancarta, anónimo y simpático artista de la llamada «intervención urbana», ha querido expresar con humor inigualable el mismo disgusto que nosotros hemos mascullado con tres o cuatro imprecaciones contra los políticos y el despilfarro de los recursos públicos. Al indecente derroche de dinero, que parece sobrar, cuando en realidad falta, hay que sumar la imprevisión, la desidia y la negligencia. Lo malo de esas obras tardías, repetitivas e innecesarias es que no [les] valen para nada, electoralmente hablando; es más, posiblemente les perjudique. Y así, en ese mismo estado, se encuentra casi toda España. A nosotros sí  nos vale, nos cuesta y nos duele la irresponsabilidad de los políticos que nos desgobiernan.
Lo peor de todo, en el caso que nos preocupa, es que llegará el verano y, mientras en el resto de España esas obras electoralistas se habrán acabado hasta dentro de cuatro años, en Calpe seguirán, empantanando esta céntrica vía en sentido figurado y molestando al tráfico y a los vecinos y turistas habituales u ocasionales.  Por si es el caso, el autor de la pancarta ha empezado a dirigir, en los dos sentidos de la dirección que lleva a la playa, a los  nuevos e intrépidos turistas que desconocen Calpe  para que se lleven a casa, como una postal de inédito paisaje bucólico, el grato recuerdo de salvar día tras día, cada uno de los quince que les tocan de vacaciones, ida y vuelta hasta el apartamento dos veces cuando menos, la salvaje, tosca y ruinosa ruta turística municipal.  
El nuevo sendero se extiende desde la  Av. de los Ejércitos Españoles hasta la Plaza de Colón donde desemboca el río (fotografía inferior)
En la fotografía se pueden ver algunos de los pocos turistas que atravesaron el sendero turístico esta Semana Santa disfrutando en la Playa del Arenal, junto a la Plaza de Colón, en uno de los escasos momentos que  permitió un clima adverso.