Ha sido necesario que once hombres (ventidós, venticuatro o treinta) hayan ganado el campeonato del mundo de fútbol para que floreciese por doquier esa flor roja y gualda de la bandera de España. Llevada con orgullo, con altanería, en los coches, en los carros de los niños, en familia, de mil maneras distitnas. Por fin, hablando en términos deportivos, España estaba en ese lugar donde se hace historia.

Hasta este suceso deportivo, la enseña nacional se ha significado, y  más en latitudes nacionalistas,  como distintivo de los «fachas». Es penoso, pero así ha sido hasta la consecución de, lo que los periodistas deportivos y ciudadanía en general, califican como «gesta». Los nuevos heroes no participan en batallas épicas como Aquiles, Héctor o Leónidas. Está bien que las batallas se libren en los estadios; los gladiadores que divierten al público sólo se disputan un balón aunque a veces quieren jugar a romperse, camino de la gloria, las piernas o la clavícula.

En los bares bajo la atalaya todo el mundo juega la final contra Holada. Calpe es un festival de banderas españolas. En el paseo marítimo, una solitaria bandera del país de los tulipanes mantiene el tipo, de  manera numantina. El grito de gol que tronó a poco tiempo del final, conmovió hasta las estructuras del edificio y nos llegó, con una flecha de ardor patriótico que hacía zozobrar hasta el corazón. ¡Que emoción!

Sin embargo, resulta algo desproporcionado en el homenaje que se ofrece a unos muchachos que lo mejor que saben hacer es darle pataditas a un balón. ¡Qué fervor! ¡Qué pasión! No quita que, en función de su esfuerzo, sean personas de especial notoriedad; de inigualable celebridad y exito económico.  Hay una nefasta necesidad social de líderes, aunque sean de cartón y fabricados por los grandes medios de comunicación y el dinero, sin nada que aportar salvo las demostradas habilidades balonpédicas. ¿Dónde quedan los que inventan vacunas contra el sida, los que se rompen la materia gris buscando una solución al cáncer, dónde quedan los que propugnan ideas o aportan belleza y sueños con su obra, …?

Finalmente, hasta el arte, aunque sea playero y efímero se apunta a la moda de los campeones. Es  una pena que sea de arena…