La Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Getafe aprobó el pasado jueves 17 de noviembre la «desafectación» del patrimonio municipal, su separación del catálogo de bienes públicos, no la desafección [*] que aduce el PSOE de Getafe, y las condiciones que regirán la subasta pública del que fuera coche oficial del exalcalde Pedro Castro.

Tenemos que recordar que se trata de un audi A-8  4.2 quattro triptonic, automático  y con la tracción a las cuatro ruedas de la marca de los cuatro aros. Todo un lujo al alcance de cuatro, como quien dice; de cuatro que paguen de la manera que puedan los 120.000 euros que costó a las arcas pública el cacharro, matriculado hace ahora, en estos mismos día de noviembre, siete años justos.  El precio mínimo de licitación en esta subasta, que cumple de esta manera su promesa electoral el nuevo alcalde de Getafe, el popular Juan Soler-Espiauba, es de 15.630 euros. Toda una ganga para un coche de lujo. Y como es menester, necesario y conveniente, la mercancía se expone en la plaza de la Constitución sobre una moqueta verde baratilla y on un cartelito informativo sobre un caballete de pintor comprado, seguramente, en el último minuto como mobiliario de urgencia para la exposición.

A Pedro Castro, y a sus compañeros más fieles al menos, que no a todos, le ha sentado a «cuerno quemado» que se utilice la promesa electoral del nuevo inquilino de la segunda planta del ayuntamiento como censura y reprobación pública, la crítica morbosa y ácida a uno de los gastos más representativos, polémicos  y suntuarios de su mandato. Y más que lo anterior, mucho más, que se convoque a los vecinos al cotorreo cuatro días  antes de las elecciones generales del 20N. ¡Como si eso fuera a inclinar la balanza o a influir en la intención de voto de los getafenses! No hace falta a estas alturas de la legislatura ninguna publicidad para que el PSOE obtenga los resultados que merece la política errática y mesiánica del insustancial ZP; tampoco es preciso recordar que ha sido la actitud generalizada de la gran mayoría de los cargos públicos y mandatarios de todas las regiones, municipios y partidos.

No ha sido el Ayuntamiento de Getafe la única institución que ha optado por liquidar en públicos procesos de subasta la ostentación que de manera costosa e imprudente rodeó a la mayoría de los miembros de los distintos gobiernos que articulan el estado español. Además de los ejemplos que están saliendo a la luz  con subastas, como el de Getafe, la Junta de Castilla La Mancha, La Rioja o la Junta de Extremadura, hay otros muchos casos que no se convierten en noticia por simple razón que sus gastones gestores volvieron a ganar las elecciones. Adviértase como ejemplo preclaro y mayúsculo de edil derrochador  el todavía alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón Jiménez.

La brillante maniobra publicitaria del nuevo alcalde de Getafe, Juan Soler-Espiauba, ha trasladado al «ágora» viva de la plaza del Ayuntamiento lo que solo unos pocos nos atrevimos a criticar en su momento [en el blog]. Ahí, los vecinos, solos, en pareja o agrupados en corrillo, jóvenes, maduros o viejos,  han observado, con curiosidad, el espectáculo o han intervenido exhalando sentencias o expresiones más o menos «cachondas», burlonas o divertidas, con el salero y el gracejo que caracteriza al pueblo ocioso.

—Se creía que iba a ser alcalde toda la vida… -Gruñe una señora mayor que le debe recordar aún con bigote.

—Si lo llegamos a saber, le hubiéramos comprado una bicicleta… -para que practique ahora en el carril bici.

—A esto no hay derecho, lo de este nuevo alcalde.., -afirma una señora que parece socialista.

—A lo que no hay derecho, señora, es a que el pitufo se gastase nuestro dinero en un coche de lujo. -Le contesta un señor que, visto lo visto de la firmeza de su actitud en defensa de lo nuevo, parece del Partido Popular.

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—Pues si no fuera porque luego, cada rueda te cuesta un riñón, y el mantenimiento te obliga a subastarlo de nuevo, el precio es una ganga. 15.000 euros por un A8, joder… –Hace cuentas, pensativo, un obrero con el mono azul que pasaba por allí camino de la ferretería de la calle Toledo.

—Bueno, bueno, … que tiene 150.000 kilómetros…-Dice un segundo espectador.

—Y ¿cuanto dura un coche como este… sin dar problemas? -Responde el obrero del mono azul

—Trescientos o cuatrocientos mil kilómetros, coño; media vida, si no eres alcalde… -Interviene un tercero como si fuera un experto.

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—¡Menudo carro! -Se ríe la chica con un suave y meloso acento caribeño.

—¡Carajo de máquina!   -Le contesta su acompañante.

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—¿Quién se quedará con el audi? -Pregunta un viejo a otro. 

Yo pienso que debría comprarlo el mismo Castro; hasta  el fin de los días, y sin remedio,  el coche estará impregnado de su olor. En su interior revolotean casi todos sus fantasmas  y reverbera aún el eco de sus discusiones políticas y personales; se intuye el aroma de los habanos que se fumó; casi se nota, a pesar de la limpieza del cuero y de las maderas nobles, el sudor a sobaco y a culo aplastado por las horas de viaje sin fin.  Debería comprarlo él. El problema es que, según la última declaración personal de bienes que hizo, no tiene ni…

—Bueno poeta,… -le interrumpe el amigo-, déjalo. No lo vayas a estropear, …

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[*] Desafección significa «mala voluntad» o, buscando sinónimos, desacuerdo, oposición,  disidencia, disconformidad, divergencia, antipatía, ojeriza, odio, tirria, rabia, malquerencia, inquina, animadversión, manía, aversión, incluso repugnancia hacia las personas.