A mediados del mes de julio se empezó a instalar en la playa del Arenal un parque acuático de plástico  hinchable. Tras una semana de trabajo previos, instalando contrapesos en el fondo marino a modo de cimientos del castillo, el pequeño recinto acuático se inauguró. Era una iniciativa privada, suponemos que con la correspondiente licencia y algún tipo de visto bueno técnico, que venía a ofrecer una novedad en la playa aunque hubiera que pasar por la caja y abonar los tres euros que costaba la entrada.

El mismo día de su inauguración, una pequeña marejadilla, con olas bastante frecuentes por esta parte del litoral, acabó en apenas cuatro o cinco horas con las ilusiones de sus promotores como si fuera, simbólicamente hablando, un «castillo en el aire», en vez de una instalación acuática anclada al fondo marino.  La secuencia de imágenes resumen la breve vida de la iniciativa que acaba con el negocio desmontado en la arena de la playa. Desde entonces, no lo han intentado más, ni se sabe nada. Lo que sí sabemos es que el proyecto de instalación era técnicamente hablando muy deficiente; se había encomendado, por lo visto, a la «bondad» del mediterráneo, sin considerar siquiera la posibilidad de que amaneciera uno de esos días de oleaje y viento que de vez en cuando hace ondear la bandera roja en la Playa de Calpe.