Son las nueve y cuarto de la mañana. Mi paseo matutino, abajo de la atalaya, escudriñando la costa, me ha llevado hasta el puerto de Calpe. No es la hora en la que llegan los barcos pesqueros; sin embargo, me he encontrado con el desembarco de unos magníficos ejemplares de pez espada. Del pesquero, etiquetados y pesados, al furgón frigorífico con destino a Alicante capital. Los balones de plástico son, al parecer -y si no es así, disculpen mi ignorancia- las boyas que utiliza el barco pesquero para señalizar los límites de la redada. Hoy acudiré a la pescadería a ver si tengo suerte y puede adquirir unos filetes de esos maravillosos peces recién extraídos.