El tamaño importa. Es una cuestión que preocupa a mucha gente. Mientras la Ministra de la Vivienda propone para los jóvenes miniviviendas,  con un tamaño casi ridículo, los que manejan el problema de la vivienda, políticos y promotores, se compran súper coches de talla XXXL. ¡Vaya si importa!

14, el tamaño de la mayoría

El 13 es un número de mal agüero; un mal presagio. Y si se refiere o relaciona con 27, peor: anuncio de minoría, pronóstico lúgubre para los negocios y la política. Cuatro valen más que tres. Y esa era la sensación del PSOE y de su candidato, el sempiterno alcalde de Getafe, Pedro Castro, al conocer los resultados de las últimas elecciones municipales celebradas el 23 de mayo de 2003. Por los pelos; de nuevo mayoría absoluta.

Pero, de forma inexorable, Castro estaba abocado en la que puede ser su última legislatura completa, al terrible indicio. El 13. Una mayoría sin suficiente tamaño. Y fueron sus socios de Izquierda Unida los que le arrebataron la cualidad del triunfo absoluto y la esencia del parecer único y unidireccional por un pequeño puñado de votos. Escaso pero suficiente.

El augurio inicial, ese guarismo negro y retorcido le ha acompañado (a su excelencia) durante el tiempo que dista desde la aciaga fecha, procurando desde un principio el difícil arte del equilibrio entre sus propias huestes inmersas desde hace tiempo en la pelea por la sucesión, como si fueran príncipes de la Castilla del siglo X, y los camaradas o copartícipes del gobierno municipal, amparados en la autoridad que concede la necesidad, soñando, todos los días, cada uno de ellos, uno tras otro, en recuperar el tiempo perdido y la «magia» de la mitad más uno, catorce.

Hay cosas peores que las premoniciones. Por ejemplo, los años y la oxidación; el desaliento de las neuronas, la fatiga, la mentira eterna que se retuerce, que se estira como el chicle, que le envuelve como un perfume, que le asfixia al alma, que le pone «colorá» la cara, que le delata ante los vecinos.

Finalmente, lo que no ha conseguido su instinto de animal político lo han conseguido, sin esfuerzo, su socios de gobierno; los comunistas viven sumidos, desde los tiempos de Lenin, en la ecuación perpetua que resta, en la escisión permanente y el reparto imposible.

Así le han puesto sobre la bandeja a su camarada Pedro la posibilidad de contar de nuevo con mayoría casi absoluta; sin poder anunciar el catorce, tiene reservado en el armario del despacho el t rece más uno, número tránsfuga que suma el mal fario a la unidad, como magnitud, no como actitud de conformidad.

La salida de la edil Catalina Mikue de la disciplina de IU ha ofrecido al alcalde la posibilidad de mantener una acuerdo en la recámara para cuando sea necesario y sus socios verdirojos inicien las escaramuzas electorales, los intentos de rotura del pacto, los desencuentros, … el baile de las diferencias, como de un pasatiempo político que se publica para confusión de los electores en trance de mudar su papeleta.

Durante las últimas semanas han sido notorias las apariciones la única edil no adscrita en actos del PSOE. Del autobús que la llevó al mitin de ZP, a la cena de hermandad con motivo de la nochebuena. La solicitud de ingreso está retenida; es más el interés de su excelencia en la advertencia y el amago a sus socios de IU que un posible interés del PSOE por fichar a una ex comunista. Hay un esfuerzo portentoso del primer edil por huir del 13 y regatear al destino, una finta maquiavélica.

Hay que pensar que, pasado el ecuador de la legislatura, y metidos en harina electoral que las encuestas, todas, las propias y las de la oposición le auguran algo peor que un trece a la espalda. Hasta es posible que ahora mismo pudiera cambiar papeles, muy a pesar, con su contrincante del PP, José Luis Moreno. Ese pronóstico es su peor quiniela. Retirarse vencido. Nadie dude que luchará incluso, si es necesario intoxicará, venderá aire, mentirá a la opinión pública de la forma más excelente, más increible.

Pedro Castro pasa sus peores momentos en los 25 años de ejercicio de la función pública. La culpa es suya, de su gestión, de su ceguera social. Las mentiras le tienen atrapado como una red tupida, que no le deja ver con claridad. Las relaciones con sus ex concejales y compañeros de partido en los negocios inmobiliarios, las decisiones favorecedoras, los privilegios que permite y vota, le tachan moralmente como persona apta para el cargo de representar a esta gran ciudad. No es el tamaño de la ciudad, es la dimensión que se ha forjado él mismo como alcalde. Apuesta por perder. No es un presagio. Es un pronóstico.


La magnitud del diez por ciento

Realmente nos toman por tontos. Intentan engañarnos persuadidos por el tamaño de sus cuentas corrientes; fascinados por el tamaño de las corruptelas que viven día a día; inducidos por el reducido coeficiente que mide su inteligencia vital; como si los trajes caros que llevan fueran capaces de insuflarles una nueva moral henchida de virtudes, por desgracia perdidas en el túnel del tiempo; como si su ruin escala de valores pudiera medirse con la vara de los hombres honrados, valerosos; enteros.

Es seguro que perdamos la apuesta. Aunque no nos parece suficiente. No somos tontos… Sigue siendo un gran escándalo aunque se trate, en silencio, como si fueran almorranas. Para no convertir la arbitrariedad también en algo relativo, en una magnitud difícil de medir, hay que establecer un sistema de referencia que no considere dilataciones del tiempo, es decir que éste último no transcurra más lentamente en la tercera planta del ayuntamiento que a ras de calle. Esta «dilatación del tiempo», según la teoría de la relatividad, podría confundir al concejal de urbanismo; en realidad no parece muy difícil hacerlo ¿Si no se puede explicar sus movimientos en términos físicos, cómo lo haremos?

La Junta de Compensación de El Rosón solicitó el pasado mes de septiembre al Ayuntamiento de Getafe la monetarización (vaya palabreja de la jerga «jurídico política») del diez por ciento del aprovechamiento urbanístico que les corresponde ceder a los promotores de este futuro barrio de viviendas libres que resultará desde la Universidad Carlos III a la A-42. Es decir, plantearon, y así lo pretendían, que el consistorio les vendiera las cesiones obligatorias por un precio, no ridículo, no, más; muy alejado del precio de mercado, casi de cuento de hadas. Por debajo de los 600 euros metro edificable. Como el que busca un piso por menos de 100.000 euros en Getafe. Y lo encuentra.

El ámbito de El Rosón delimita la actuación urbanística que se promueve desde la factoría de Siemens a Tropic Costa pasando por Metalinas, Stotz Kontakt y las industrias del viejo y destartalado polígono industrial. En total más de 2.700 nuevas viviendas (la mitad de El Bercial), todas de renta libre, que se van a desarrollar en distintas unidades de ejecución y todas por el sistema de compensación, a pesar del «nunca más» que sentenció el alcalde cuando se inició El Bercial. Una lástima; o no atina en sus predicciones o era mentira, lo más probable por la cantidad de Juntas de Compensación que proliferan últimamente en el municipio, tantas casi como gestoras de cooperativas.

La Junta de Compensación de El Rosón, debido a su minúsculo tamaño, está «controlada» por el ex concejal de Urbanismo, Jesús Neira, que ha colocado como «presidente» a su socio y «constructor oficial del municipio», José Luis García; en ella también participan el gestor de cooperativas y promotor, Francisco Montero, y el presidente de la Asociación de Industriales de El Rosón, Gabriel Navarrete (Industrias Doca). Ejerce de asesor, un letrado socialista, aspirante, ya peleó por ello en las pasadas listas, al sillón de Santos Vázquez, bajo el patrocinio del ex edil de urbanismo.

Desde el mes de septiembre que se materializó la petición, los miembros de la Junta se han peleado por los pingües beneficios que iba a producir la operación y por la cuantía de las indemnizaciones, en resumen por la «propia compensación». Desde el control han pretendido que las plusvalías que se iban a generar con el favor municipal fueran el pago de los costes de traslado de la única empresa pendiente de solución, la de Gabriel Navarrete; las otras han desaparecido, o se han trasladado a otros municipios o están disimulando con terrenos adquiridos en Carpetania o Los Olivos, a la espera de repartir dividendos. No hay rastro del famoso empleo que se debía mantener.

La pretensión de comprar al Ayuntamiento la edificabilidad del 10 por ciento por un precio de saldo, ha chocado con la propuesta que hizo el Partido Popular de destinar todas las cesiones municipales a la promoción, -desde la Empresa Municipal, de Viviendas de Protección Pública. Al menos, perdido el valor de los terrenos, la cesión se aplicaría a la consecución de un fin social; parece justo. Getafe es un municipio que no promueve viviendas protegidas en el casco urbano. Y debería. Sin embargo no parece que esta sea la intención de Pedro Castro y de su concejal de urbanismo, Santos Vázquez. Si no han aceptado rápidamente la propuesta de sus amigos y compañeros, y se han ido a celebrarlo, ha sido por el miedo a las críticas de favoritismo, malversación de fondos públicos y despilfarro del patrimonio municipal de suelo.

Para vestir al santo, el ayuntamiento ha solicitado varias tasaciones «independientes» (de quién). Y ha filtrado un posible valor para el diez por ciento del aprovechamiento de El Rosón, que estaría presuntamente tasado en torno a los 1.200 euros. ¡A ver que nos parece!; pues mal. La cifra sigue siendo absolutamente rídicula, si recordamos que el Consorcio Getafe Norte adjudicó en concurso público (no en subasta que está prohibido por Ley) sendas parcelas donde originariamente estaba destinada la plaza de toros. Y adjudicó los terrenos a ese mismo precio. ¡¡¡Hace ya casi cinco años!!! Con lo que ha llovido sobre el valor del suelo. Cómo piensan que podamos consentir social, ni política, ni moralmente mientras los mismos que pretenden comprar algo que es propiedad de todos los vecinos, del patrimonio municipal, venden los pisos en el Rosón por encima de los 600.000 euros (a más de 6.000 euros/metro cuadrado) ¿No parece sonrojante? ¿Desvergonzado? ¿No parece que se incumple descaradamente, de forma inmoral, el «fin social» que ahora dicen los socialistas tiene el suelo y la propiedad?

¿No es la misma versión de la famosa parcela de Majadahonda? ¡Que venga Simancas y lo desmienta! Los socialistas de Getafe no hacen chanchullos con el patrimonio municipal. El Ayuntamiento de Getafe no favorece el pelotazo urbanístico y el enriquecimiento de sus compañeros y ex ediles socialistas. ¡Vamos Rafa!

El grupo que lidera el ex concejal de Urbanismo Jesús Neira («el rubio»), posee alrededor de 60.000 metros edificables en El Rosón. El diez por ciento que debe ceder al municipio representan 6.000 metros cuadrados, suficientes para la construcción de 60 viviendas. Que venga Simancas y lo diga.

¿Qué tasador, o empresa de tasación, se ha atrevido a falsear el mercado inmobiliario de Getafe y ayudar de manera inmoral a malbaratar el patrimonio municipal de todos los getafenses? Nuestros informes de tasación valoran la edificabilidad para vivienda libre, en más de 2.000 euros el metro cuadrado edificable. Hay operaciones que se han realizado superando con creces ese valor. ¿Hay intención de favorecer a los promotores de El Rosón en más de 800 euros por metro cuadrado edificable?.

En el caso de Neira, el pelotazo del diez por ciento ascendería a la respetable cantidad de 4.800.000 euros; dinero que deber ser patrimonio municipal, que pertenece a todos los ciudadanos de Getafe; y que pretenden dilapidar así, como se lo cuento. Es un escándalo. Otro más ¿Verdad Rafa? Y con el consentimiento de los Servicios Técnicos Municipales que colocó el mismísimo Neira. ¡Como huele, Rafa! Ni una sola vivienda protegida y con privilegios de tal magnitud que son dignos de medirse en los juzgados.

El tamaño de los puentes

No es lo más importante; pero sí es curioso. La noticia sobre el presunto soterramiento de la A-42 (carretera de Toledo) es pura actualidad. Recientemente el alcalde, Pedro Castro, presentó junto a su pareja de hecho (políticamente hablando), Rafael Simancas «el estudio informativo». No ha habido tiempo ni interés por realizar un estudio técnico o económico. Lo importante era anunciar que al Ministerio de Fomento, esta vez sí, le parece bien, aunque como en la época de Cascos, no ponga ni un duro. Vaya por delante también la negativa de su compañera Magdalena. El hecho servirá de excusa para criticar a la Comunidad. Hay tan pobres argumentos de gestión…

Castro vende farolillos de colores. Huecos y vacíos. Según los interesados en publicitar este argumento electoral el proyecto lo financiará exclusivamente el Ayuntamiento de Getafe. Risas. Según ellos 150 millones de euros; otras fuentes elevan el coste de la faraónica obra al doble de lo estimado por alcalde: ¡¡300 millones de euros!! (Castro … o la pasión por las «megaconstrucciones… como Gallardón).

Sin duda parece difícil. Intentará su excelencia (el 30 de enero de 2006 publicó el BOCM el acuerdo de la Asamblea sobre la inclusión de Getafe en la Ley de Grandes Ciudades) vender suficiente suelo para horadar el subsuelo a pesar de las dificultades de una modificación del Plan General tal y como está el patio en Getafe. O no; y todo quede como el sueño de una noche electoral.

Lo peor de la rueda de prensa es el dinero que nos cuesta o podría costar a los vecinos. Recientemente se ha aprobado el proyecto para la construcción de tres puentes y una pasarela peatonal y que conectarán el nuevo barrio de El Bercial con el casco urbano a la altura de Getafe Norte, nudo de las Margaritas y Kelvinator.

La construcción de los puentes, en principio necesaria, podría parecer un lujo si, finalmente como dice Castro, los puentes sólo serán útiles durante cinco o seis años. A esto hay que denominarlo simplemente derroche. El problema es que el dinero no sólo lo aportar la Junta de Compensación de El Bercial, las Cooperativas o los Promotores de viviendas.

Alrededor de cinco millones de euros deberá asumir directamente el Ayuntamiento de Getafe para la construcción de los puentes de El Bercial. Y siendo, como es, un ayuntamiento agonizante en lo económico y que a duras penas (y licencias) paga la nómina de sus funcionarios, no encontramos excusas para el despilfarro. Ni tan siquiera la necesidad o las prisas. Se podría haber aprobado tan sólo el puente «del Corte Inglés» (parte lo abona la marca de Isidoro) y destinar el presupuesto de los puentes al soterramiento. Es lo lógico. Pero no.

A estas alturas casi nos hemos olvidado del tamaño del texto y de los puentes. Casi. El Ayuntamiento escaso de recursos, ante la oposición de John Deere a la expropiación de sus terrenos, necesarios para apoyar el puente que viene de El Bercial a la altura del Hotel Hesperia, ha decidido reducir su tamaño para que ese puente no tenga que apoyar en los terrenos de la factoría. El problema no era expropiar, asunto éste fácil para el alcalde de Getafe. El caso es que se intentó aprovechar la ocasión del puente para abrir una operación inmobiliaria de enorme tamaño y categoría. Fácilmente puede deducirse que John Deere piensa resistir el embate de los conseguidores socialistas y que se han desplazado hasta Alemania o Estados Unidos.

Así es. Lucas es un genio. Y Santos. Y qué decir de Castro. El puente que comunicará el Bercial con el centro del municipio a través de la calle Terradas, y que tenía previstos dos carriles por sentido y dos aceras, se queda, sencillamente reducido a la mitad. Es genial. A la izquierda, debajo del puente queda Gisa, casi debajo un edificio de viviendas entregado hace poco. A la derecha John Deere. Al final del puente, a la moda, una rotonda con sólo dos direcciones ( al centro urbano y … al otro puente).

Lo positivo es que ese puente que han reducido a la mitad, nos costará sólo algo más de la mitad, claro. Y, también, que las ventanas de Gisa y del edificio de viviendas tendrán que aguantar apenas la mitad de tráfico y la mitad de ruido. ¡Vaya! El tamaño si importa.