No resulta bonito. De verdad que no; incluso podría resultar escabroso escribir de ello. Pero es inevitable. La desastrosa gestión de los responsables municipales no mejora ni cuando el asunto está relacionado con las víctimas de la espantosa matanza perpetrada el 11 de marzo en Madrid. Tras el terrible atentado, el Ayuntamiento de Getafe aprobó la erección de un monumento a la memoria de las víctimas mortales de la intolerancia.

Un año después de los luctuosos sucesos se presentó el proyecto elegido y se colocó la primera piedra del presunto homenaje junto al lago del Sector-3. La oposición se quejaba, ahora vemos que con razón, de la utilización política del suceso por parte de su excelencia Pedro Castro.

Se trataba, según anunciaron sus diseñadores, de un espacio para la reflexión y el recuerdo; un monumento de pura simbología con un diámetro de 80 metros, delimitado en su frente por un muro, que «se tumba según se va acercando al final para producir una sensación de huida hacia el cielo». En el extremo más alto del muro está previsto una especie de presbiterio laico y bajo el mismo, una pasarela sobre el agua. La circunferencia que cierra el proyecto incluye una lámina de agua y alrededor, 192 chopos; «el muro representa a la tierra y el agua a la vida, en continuo movimiento».

A falta de poder valorar otras propuestas, y dado el hecho que motivaba el monumento no tuvimos más remedio que aceptar lo idóneo de la elección municipal. Hubiera resultado, en aquel momento, cruel imaginar alguna pequeña corruptela, o el habitual tráfico de influencias que persiste en el consistorio getafense, en la opción municipal. La empresa elegida fue A G Gestión y Proyectos, SL. El monumento estaría acabado en seis meses, para el 11 de septiembre, cuarto aniversario de esa fatídica y espeluznante fecha.

Pasó dulce el verano. Pasó septiembre, pasó octubre; y noviembre y diciembre. Allí sigue triste la primera, y única, piedra que puso el alcalde un año después del día atroz. Seguro que pensando más en la foto y en día a día que no en la reflexión y el recuerdo que exigía el acto. Hoy, 10 meses después, el proyecto descansa en el cajón de lo sólo previsto.

Eso sí, la empresa presentó en diciembre pasado dos facturas. En días correlativos; 20 y 21 de diciembre. ¿Habrían ideado cobrar la lotería de Navidad por adelantado? No, era lo que todos ustedes se imaginan. Dos facturas por importe de 159.234 y 398.756 euros. En total 558.000 euros. Resulta ingenuo pensar que ninguna empresa facture los trabajos antes de realizarlos. La esencia misma de la factura lo contradice y nos aporta la idea de una posible y novedosa corruptela. Presentar al cobro de un ayuntamiento facturas por trabajos inexistentes.

Lo peor no es que la empresa «peralense» pueda haber intentado una pequeña transgresión de las normas mercantiles y fiscales. Lo peor es que la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Getafe autoriza el pago de las referidas facturas.

Todas las empresas que trabajan con el consistorio saben que una vez acabado el trabajo, la Junta de Gobierno autoriza el pago. No puede ni debe ser de otra manera, aunque tarde generalmente mucho, mucho, mucho, en abonar los encargos o los contratos ejecutados.

La Junta de Gobierno ha abierto un precedente que podría solicitar cualquier empresa en la misma situación. Si hace falta el dinero no sólo A G Gestión y Proyectos podrá facturar trabajos por realizar, como hecho fiscal futuro, como algo predecible, y que podría, después de todo, ser cierto y llegar a ejecutarse. Los «constructores oficiales» no necesitarán siquiera hacer las obras o reparaciones, ni contratar pólizas de crédito especiales; tampoco la empresa que suministra esa variedad de árboles tan tropicales a Parques y Jardines, o la Imprenta, los restaurantes más visitados, ni… nadie debería ser tan tonto de esperar a ejecutar el trabajo…

A la vista del percance, y visto que aunque lo digamos nosotros, ni el más pelota de los constructores se atrevería a presentar una factura por trabajos inexistentes sin la anuencia de los máximos responsables políticos, ha sobrevolado, no caído, sobre nuestros temores la duda razonable de la filiación y relación de la empresa adjudicataria con el poder ejecutivo municipal.

A G Gestión y Proyectos SL es una empresa administrada por Pedro Antonio García Altamirano y en la que participan su mujer y una patrimonial de ambos.

La sociedad es «prima hermana» de A G Arquitectos Gestión y Proyectos, SL (qué sutileza), en la que además de los antes citados participa, (¡caramba!) Manuel Ruiz Morales (Soto e Hijos, SA), ¿les suena? Vaya. García Altamirano participa además en otras sociedades ligadas a los «soto» como El Rincón del Gourmet de Soto SL (aunque parezca una sociedad gastronómica, también gestiona cooperativas de viviendas), San Medina, SL, Grupo Bittal AAP Corporation SL y Torriscos, SL, que además tienen, la mayoría, el domicilio social en el mismo número 50 de la Avenida de Europa (Las Laderas). Evidente.

Podría aseverarse fácilmente que A G Gestión y Proyectos es una mercantil cercana a la trama de empresas ligadas a Soto e Hijos (Manuel Ruiz Morales y Manuel Sanabria Sanabria), socios a su vez de Jesús Neira, el exconcejal de urbanismo del Ayuntamiento de Getafe y de Fructuoso López Gomez (Joma Sport). Si no fuera por que aquí no aparece, por ningún lado, Angel Torres, pensaríamos que se trataba de algún favor relacionado con el Getafe CF SAD. Pero no, no teman. No es la vía. Parece acabar en el líder (discutido ya) de una parte de la trama de empresas «socialistas», Jesús Neira Salazar. El ex edil, Soto e Hijos, SA y Fructuoso coinciden en tres sociedades; además del fútbol, se entienden en Spor Suar y en Campo de Tiro. ¿Serán los terrenos de Perales?

Las facturas presentadas en los últimos días de diciembre podrían, otro hecho singular de este tejemaneje, triplicar la facturación que la empresa A G tuvo en el año 2004. En las cuentas anuales de ese ejercicio hay referencias directas, otro dato más, sobre movimientos con empresas «asociadas» (Soto e Hijos, SA). Manuel Ruiz Morales posee un 40 por ciento de la empresa hermana A G Arquitectos Gestión y Proyectos SL. ¿Podría ser más evidente? Que los chopos los ponga Soto Jardin SL. O que alguien cobre un ocho por ciento por la adjudicación de un monumento a las víctimas. Es que no dejan ni una.

De todas maneras, el hecho no es nada extraordinario; parece una alcaldada más. Sin embargo hay que hablar también de sus más directos colaboradores, los dos tenientes de alcalde con responsabilidades en el tema. Ha sido Santos Vázquez, el responsable de urbanismo el que ha salido a los medios de comunicación a dar la cara. Una cara muy grande. ¡Solo faltaba que se hubieran pagado ya! Entonces hablaríamos de otra cosa. Tampoco es creíble que después de diez meses de holganza y olvido, ahora en dos, vaya a estar listo, conforme al proyecto, el homenaje a las víctimas del terrorismo. Lo anotaremos: en marzo, inauguración. Habrá que estar preparados por si hay que retratar el paisaje de una nueva chapuza. Mucho nos tememos.

Tampoco nos vamos a olvidar de la otra pieza clave del gobierno municipal; se trata del delegado de Hacienda, David Lucas, contrincante del anterior en la línea sucesoria; suya es la responsabilidad de autorizar pagos de la índole que nos ocupa. Lamentable. Parece que estos mimbres no son la alternativa al desorden general que impera con Castro en el Ayuntamiento, ni con ellos se puede urdir una oferta creíble. Es posible, y hasta sensato, que el candidato del PSOE a sustituir a Pedro no figure aún en las listas. Es hora de que Santos y Lucas «discutan» por el tercer y quinto puesto de la lista electoral del PSOE. Para la ineficacia, el tráfico de influencias, el nepotismo, el privilegio y el «más de lo mismo» no puede haber más allá del «bronce», con tendencia al olvido. A su tiempo no sólo hablarán los ciudadanos, decidirán.