El tráfico rodado en el polígono industrial de Los Ángeles está sujeto a imprevistos como los numerosos baches, zanjas, postes de media tensión en medio de la calzada,  o como en el caso que nos ocupa, una rotonda pequeña y provisional ejecutada con unos cuantos bolardos de plástico y una señal en cada uno de las cuatro sentidos de la circulación; uno de ellos conectará, el norte del polígono con el sur del nuevo barrio de Los Molinos. La rotonda, excesivamente pequeña, provoca no pocas dudas sobre la prioridad en el tráfico. Es uno más de esos «pequeños» detalles que dan cuenta del olvido y la dejadez que se han instalado en este viejo polígono industrial. 

Los «amos» del urbanismo local, desde hace años y hasta hace muy poco, andaban dando vueltas a una modificación de la calificación urbanística de este sector industrial, catalogándolo como obsoleto (al igual que El Rosón) y pintando con el lápiz de la codicia un futuro residencial. La idea, aunque no está desechada ni mucho menos, ha quedado para  momentos más propicios. A lo mejor, incluso, para otra generación de políticos, técnicos, urbanistas y promotores. Mientras se aprueba el nuevo Plan General, se desatascan las afecciones en el cono de vuelo alrededor de la Base Aérea, y se van acopiando derechos y opciones sobre las grandes parcelas, Olvido y Dejadez han tenido un hijo perezoso que se llama Abandono y una hija,  más bien fea, llamada Chapuza.