pudo, pero no quiso, convocar un referéndum sobre la Ecotasa.

Ese podría haber sido el titular de la noticia. La Ley de Medidas para la modernización del gobierno local, en su articulado referente a las Grandes Ciudades, régimen al que se ha acogido el Ayuntamiento de Getafe –tras su aprobación por la Asamblea de Madrid- permite que la iniciativa ciudadana presente propuestas para su debate en el Pleno municipal. ¡Cómo pueden llegar a ser representantes nuestros si no hacen lo que queremos los vecinos! No; no, no aleguen responsabilidades extraordinarias con el medio ambiente, ni filosóficas, ni ideológicas, ni etc.. Mentiras.

Lo más reseñable es que los medios más afines y socialistas a Su Excelencia habrían titulado «Su Excelencia quiso, pero no pudo, convocar el referéndum sobre la ecotasa». En fin, los vecinos burlados por el doble filo de la noticia, y lo poco que había durado el cuento de la iniciativa popular.

Desilusionados, esos viejos obreros y sindicalistas que llevan aires o vientos nuevos a las asociaciones vecinales, no daban crédito al tratamiento que los medios le daban a ese viejo y prepotente edil. Algunos incluso recordaban, por lo bajo, cuando Su Excelencia, recién llegado del pueblo y en su primer trabajo en la urbe empezó a «militar» en el sindicato vertical, escalera, claro está, para acceder a instancias más altas. Eran tiempos de regalar jamones al jefe. Pero llegó la «regularización» del emigrante y al fin recaló en la UGT.

La conocida capacidad «camaleónica» de algunos de derechas (y de izquierdas) para «evolucionar» es clara aquí en la capital del sur; sólo hay que pensar en la persistencia en el cargo del primer edil, uy perdón, de Su Excelencia, en la profesión de sus compañeros exconcejales como «intermediarios de terrenos» y en algún que otro empresario descerebrado y corrupto.

Bueno, al hilo,.. Su Excelencia, por aquellos tiempos, de mente tierna y ambición sana pensó que era mejor medrar en la UGT. Había más futuro. Su Excelencia,… perdón otra vez, el otro, el generalísimo, tarde o temprano la tenía que palmar (el día veinte hace treinta años que ocurrió). Y así, al poco, en los orígenes del Partido Socialista de Getafe, se convirtió, sin quererlo ni saberlo, justo antes de las primeras elecciones muncipales al «troskismo» de la mano del entonces secretario general.

La «limpia» que hubo, desarticulada la agrupación troska, y nombrada la gestora le dejó de número dos, detrás del «paraca» que el partido envió como cabeza de cartel para las primeras elecciones municipales (1979). Cosas del destino, meses después, Jesús Prieto de la Fuente fue alcalde, empatados a ediles PSOE y PCE, en un primer gobierno local de declarado carácter «socialcomunista». A Prieto le ascendieron a Mercasa. Y hoy, mira, desde su oficio de hostelero, las comilonas de Su Excelencia y Sus Ilustrísimas; y su cohorte de «socialdemócratas» con sarpullidos y vicios de liberales.

En el transcurso de todos estos años, cuatro como Concejal de Juventud y 22 de alcalde pasó por todas las corrientes imaginables del poder dentro de su partido: ha sido «felipista», «oficialista», «guerrista», «acostista»; muchos de sus compañeros de la FSM o de Ferraz le consideran un «pequeño» traidor; siempre ha intentado vender su alma al mejor postor. Y así apostó, tras el fin de la era Felipe, por Almunia, y al tercer canto del gallo se declaró «borrellista». En el último Congreso del PSOE, intentó sin éxito vender a Bono los votos de los «balbases». Hoy, tranquilamente, viste «zapato». Como pez en el agua, a río revuelto, y en el filo de la cuchilla tras el escándalo de la Asamblea por culpa de sus últimos amigos no dudó en mantener reuniones para «deponer» a Simancas y, publicado el intento de traición, llegó a desmentirlo de manera oficial. Ya sabe Simancas de cómo se las gasta Su Excelencia.

Ahora es «simanquista», pero que nadie dude de su capacidad de traición. El ministro José Bono esperaba el día que pudo recordarle la oferta por la que perdió la secretaría general del PSOE y la candidatura a la presidencia del gobierno. Y aún se acuerda de él. Así no construimos ni los tornillos de los helicópteros.

Con tanto cambio y ajetreo se le endureció el cerebro, el carácter senil le volvió prepotente y la sana ambición de su juventud se le enturbió. Hoy se atreve a desconvocar los consejos de Barrio porque percibe malas vibraciones con la «participación» de sus vecinos. Incluso se enoja con los mismo vecinos que aprovechan el programa de radio que la «Cope-Al Día» (los lunes; 16,00 h. 101.8 FM) le suministra, cree él para su lucimiento como de antiguo. Y dónde pensará Su Excelencia que deben expresarse los vecinos? ¿En el Pleno? No; ¿En los Consejos de Barrio? No; ¿En la radio? No… Dónde pues.

Nada mejor, para nosotros, cronistas del «kaos», que respetar la ley y tratarle, según la norma, de Su Excelencia. De lo contrario, no dudamos, con la Ley de las Grandes Ciudades en su mano, podría aplicarnos algún ignoto artículo para nosotros y «aplastarnos» como si de una mosca se tratara; cojonera, pero mosca al fin y al cabo.

Lo peor para los pobres vecinos que habían presentado la moción para anular la ecotasa es que en el texto del periódico, que parecía escrito por alguien de primeros del siglo pasado se daba a los Tenientes de Alcalde el tratamiento de «Su Ilustrísima». Y tras pasar por sus mentes un fogonazo con la imagen de ese zoquete que apenas sabe leer estimaron que a partir de ese día se olvidarían de la ecotasa y empezarían a luchar para que los vecinos entendieran, de una vez por todas, lo importante que era a quién le concedían el voto; hablar el único día que los vecinos pueden hablar libremente. Nombrar a un ignorante «Su ilustrísima», por el simple hecho que un partido le ha colocado de número dos, tres o cuatro, aun siendo un ignorante, es un error de votación. Nuestro. De los vecinos.

Cada día será más necesario que concejales en general y Tenientes de Alcalde en particular tengan más cultura. Imagínense.