Hablando de epidemias, como la que ahora nos asola, entristece y aterroriza, hemos encontrado esta historia curiosa que relaciona a los artistas getafenses Daniel [Urrabieta] Vierge y a su padre Vicente Urrabieta, con el vecino pueblo de Leganés. El grabado se publicó en Le Monde Illustré el 23 de noviembre de 1878 a página completa y lo realizó, según se especifica debajo del grabado, gracias a un croquis o boceto previo de su padre Vicente Urrabieta. El texto bajo la ilustración reza textualmente (en francés, claro): Fumigaciones realizadas en Leganés contra la enfermedad en las dependencias de las tropas españolas retornadas de Cuba. Vierge tenía 27 años y llevaba más de ocho años triunfando en París como el príncipe y renovador de la ilustración moderna.

La primera guerra de independencia de Cuba llamada de los diez años (1868-1878) finalizó con la Paz de Zanjón que promovió el general Arsenio Martínez Campos tras la captura del Presidente de la República en Armas, Tomás Estrada Palma, y las negociaciones secretas con Vicente García [el León de las Tunas], el cabecilla que había asumido el liderazgo de los criollos. El Pacto de Zanjón fue un éxito para Martínez Campos aunque dejaba en el aire las principales reivindicaciones del bando cubano: la independencia y la abolición de la esclavitud.

Durante el primer trimestre de 1878, la mayor parte de los jefes cubanos salvo casos muy aislados como Guillermo Moncada o Antonio Maceo, aceptaron la Paz impuesta por Martínez Campos. El fin de la guerra, supuso el regreso a la península de una parte de los soldados. Los gobiernos de España, una metrópoli demacrada y gris, inmersa en conflictos bélicos —dentro y fuera de la península—, políticos y en un permanente estado económico de ruina tuvo que constatar cómo la madre patria perdía la tercera parte de los soldados llevados a la isla, vestidos con malos uniformes, mal alimentados y pésimamente preparados, de modo que un 90 por 100 de los que murieron lo hicieron en hospitales y por causas naturales como la fiebre amarilla, el paludismo, la tuberculosis, la viruela,… Los virus enemigos mataban más españoles que los machetes de los mambises. Luego llegarían otras dos guerras de independencia, la ‘Guerra Chiquita’ y la definitiva de 1895 con iguales o peores deficiencias en la intendencia y la sanidad militar.

Los barcos con los soldados repatriados empezaron a llegar, sobre todo a Santander, tras el verano de 1878. El 23 de noviembre de 1878, Le Monde Illustré se hacía eco de un brote, aunque citaba de forma anecdótica de un caso en la calle de Tetuán de Madrid no informaba del número de personas infectadas, de un brote de fiebre amarilla o vómito negro, tomando las autoridades grandes medidas de precaución Ese paciente cero —vamos a llamarlo así, con terminología moderna— era un soldado que había regresado de Cuba.

Fumigación en Leganés

Cuando las tropas desembarcaban en Santander, primero eran sometidas a un examen cuidadoso antes de pasar a la fumigación. Esta última operación —como se puede ver en el grabado de Daniel Vierge—tenía lugar en el Hospital militar de Leganés, «un distrito ubicado a dos leguas de Madrid, famoso por su clima saludable y su excelentes aires»; para que digan. No solo era Getafe.

Un coronel, asistido por sus oficiales y un comisario delegado por el Ministro de la Guerra, eran los encargados de dirigir el hospital de campaña de Leganés. Los soldados que habían acabado su periodo de alistamiento, posteriormente a la desinfección, eran escoltados por la Guardia Civil hasta la estación de ferrocarril para retornar a sus lugares de origen.

La operación de fumigación tiene como objetivo purificar y desinfectar ropa y objetos de viaje que soldados debían abandonar. Estas pertenencias eran luego entregadas a las llamas. Para el proceso de fumigación, los soldados eran colocados en grupos de veinte alrededor de jarrones que dejaban salir un humo espeso y rojizo producido por una mezcla de cobre y ácido nítrico, un ácido que se obtiene del amoniaco. La reacción química produce gases de óxidos nitrosos que van del naranja al rojizo o marrón oscuro.

El Gobierno esperaba con estas precauciones —según recoge Le Monde Illustré—, eliminar en España cualquier caso del terrible vómito negro. Los soldados, a pesar del sahumerio de vapores nitrosos recibido, tenían prohibida su entrada en Madrid, salvo a los que acreditaran su residencia en la Villa y Corte.

ILUSTRACIÓN SUPERIOR: Le Monde Illustré, edición del 23 de noviembre de 1878. Digitalizado en https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k6248739j/f6.item.zoom